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7 de junio de 2020

El futuro post pandemia asoma plagado de tensiones y conflictos

Cientistas sociales coinciden en que el Covid-19 dejará marcas estructurales en la sociedad y analizan las tendencias que modelarán el futuro del país.

00:00 hs - Domingo 07 de Junio de 2020

En una de sus películas, Woody Allen dice: “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Lo cierto es que la pandemia disolvió las proyecciones sobre el porvenir y tiñó de incertidumbre todos los ámbitos de la experiencia humana. Así, cualquier pronóstico sobre qué sucederá en la economía y la política en todas sus escalas corre el riesgo de ingresar en un terreno resbaladizo.

   En este marco, La Capital dialogó con tres cientistas sociales y, en principio, todos acuerdan en que el Covid-19 dejará una marca estructural en la sociedad.

   De acuerdo al antropólogo Pablo Semán es inevitable que la pandemia marque en las próximas décadas a las diferentes escalas de la acción humana (global, regional, nacional, local) y a sus distintas dimensiones: económicas, sociales, políticas, subjetivas. El investigador resalta este punto: más allá de las desigualdades de poder, en todos los peldaños de la pirámide social cambió la mirada de la realidad.

   Para el licenciado en historia Alejandro Galliano, la duración de esa marca depende de cuántas cosas ocurran durante la pandemia y de cómo salga cada sociedad de esta experiencia. “En el corto plazo, tenés un daño económico y una suerte de estrés post traumático colectivo (por las muertes y/o por el confinamiento) que puede ser más o menos generalizado —analiza—. En el mediano plazo, está el efecto que tenga eso en la estructura económica y el equilibrio político de cada país. Y en el largo plazo ya intervienen las políticas que apliques desde ahora: es un terreno completamente abierto pero sobre el que podemos llegar a tener más control que sobre la pandemia misma y sus efectos inmediatos. Si queremos”.

   En tanto, según el también licenciado en historia Ezequiel Gatto “es imposible que un acontecimiento con este alcance planetario y simultáneo en prácticamente la totalidad de los países no deje marcas de diverso tipo como aprendizaje, como riesgo, como preguntas, como memoria”. “Tiene el estatuto que ya tienen otros hechos memorables”, sostiene.

   Por su lado, la pandemia actualizó otro debate: si el futuro será producto de la intensificación de tendencias actuales (como la desregulación del trabajo y el manejo de los datos por parte de empresas y estados) o si habrá un viraje inesperado.

   Semán proyecta una tensión entre dos tendencias. Una es “la concentración y el empoderamiento del capital”, ya que buena parte de la población saldrá más empobrecida de la crisis y estará “más dispuesta a aceptar ofertas y funcionamientos del mercado de trabajo muy favorables a los grupos más poderosos”. La otra es la capacidad de las organizaciones sociales para incidir en la puja distributiva.

   Galliano subraya que el futuro se construye sobre tendencias pero la dirección específica de esas tendencias se puede definir desde la política del presente.

   Y ejemplifica: “Vos podés desregular el trabajo a favor del capital (como se viene haciendo) o a favor del trabajo (si reducís la jornada, amplias las prerrogativas del trabajador o facilitás la movilidad laboral con un ingreso básico que le garantice estabilidad material al trabajador en medio de la intestabilidad laboral), podés manejar datos para aumentar la represión de los individuos y movimientos sociales o para socializar la información de las corporaciones, y así sucesivamente”.

   En la misma línea, Gatto opina que la coyuntura intensifica situaciones existentes y, a la vez, las vuelve más visible y las integra a la agenda pública. Un caso es el de las empresas de delivery. “Es algo que ya lleva años y que no había podido coagular como discusión, y en el último mes ha habido más intervenciones que en los últimos años”, afirma.

Las reformas posibles

Como señaló el politólogo Pablo Touzon, la pandemia pone en suspenso la normalidad naturalizada. ¿Cuáles son las posibilidades para transformaciones más de fondo, consideradas impensables hasta el momento?

   Semán advierte que las chances de cambio dependen del resultado de la pulseada entre empresas, movimientos sociales, sindicatos y el Estado: “Puede terminar en una lucha en que se anulen, puede terminar en la imposición de un modelo cada vez más mercantilizado, que disuelva la mediaciones de las organizaciones sociales, o puede terminar también, y es una posibilidad menos analizada, pero no por eso menos probable, en modos de acuerdo que redireccionen la inversión social y la distribución del excedente, en el marco de estas relaciones de fuerza tan abrumadoramente favorables al capital”. Galliano y Gatto acuerdan en que ninguna posibilidad es “impensable”: si no se puede pensar, no se puede decir, y no se puede actuar. “Renunciar a concebir el futuro no es sólo renunciar a tomar el control sobre el mismo, también es cedérselo a fuerzas sociales que ya tienen un proyecto para ese futuro”, alerta Galliano. Y agrega: “Es necesario que la política en sentido amplio (los partidos políticos, los movimientos sociales, etc) en medio de tantas urgencias coyunturales, abran el debate sobre esas posibles transformaciones sin miedo a sonar futuristas, utópicos”.

Liderazgos

En este sentido, ¿qué tipo de liderazgos y proyectos políticos quedarán mejor posicionados en el post pandemia? Asoma una paradoja: habrá sociedades más desiguales y fracturadas, un terreno fértil para el surgimiento de liderazgos polarizadores, que son los que peor están gestionando la emergencia. A la inversa, los líderes moderados que hoy tienen éxito en el frente sanitario la tendrán difícil en el futuro cercano: con mayor conflictividad y menos recursos habrá menos margen para la conciliación.

   Galliano, autor del libro ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?, recuerda que las grandes crisis destruyen autoridades, porque fallan en tomar decisiones rápida. Pero insiste: “Lo más peligroso es no hacer nada y esperar que la crisis por sí misma nos traiga una sociedad más solidaria, un Estado de Bienestar, eso no va a pasar, una experiencia de escasez y paranoia como la que generó la pandemia difícilmente refuerce la solidaridad en la sociedad civil”.

   Gatto, también docente universitario, desliza una expresión de deseo: que el activismo asuma que existe “una incertidumbre que puede ser políticamente productiva para desarrollar proyectos más interesantes y creativos que muchos de los que existen hasta ahora”. “Hay una necesidad de repensar los liderazgos y las referencias en términos más flexibles y plurales”.

   Otro interrogante es qué capacidad tiene el Estado argentino para procesar y satisfacer las múltiples demandas que acecharán post pandemia.

   Semán cree que en el post pandemia vendrá un “cataclismo social”, que el Estado estará “sobredemandado” y que el Covid-19 dejará “una agenda para los conflictos políticos de los próximos diez años”,

   Para Galliano el Estado-bombero puede ser eficaz en el corto plazo, pero a la larga el ida y vuelta entre conflictos sociales y parches estatales precariza el tejido social y el aparato del Estado. Gatto señala que hay un desafío de una invención política y económica que excede la demanda estatal, lo que no significa evitarla, aclara. “Hay que ver de qué manera un montón de aprendizajes sociales y organizativos que no pasan estrictamente por el Estado logran darle una nueva fisonomía al Estado argentino”, considera.

 

fuente: la capital

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