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OPINIÓN

18 de septiembre de 2021

La interna peronista y el abismo recurrente

Claves. El Frente de Todos tiene su nuevo 2001 interno y deja al presidente al borde del vacío de poder real. Los errores y la lentitud de Fernández son alarmantes

Es el nuevo 2001 del peronismo. Siempre, lo que pasa en su interna hace temblar al país. Encima, el que se encuentra al frente de la Jefatura del Estado no está a la altura de esa responsabilidad. Y, la que está enfrente es Cristina Kirchner, un personaje detestado por el no peronismo.

  La decisión de Cristina de vaciarle el gabinete al presidente estuvo muy mal presentada. Queda la vice como la instrumentadora de un fragote interno que deja expuesto a los hombres y mujeres del presidente, una suma de incapacidades. Con ese equipo que le queda a Fernández, si es que esto no vuelve a su lugar, el futuro es desolador.

Cristina sabe ahora que cometió un gravísimo error al designar a ese hombre gris, poco inteligente, frívolo y abrumado al frente del Poder Ejecutivo. Fernández es, como ella misma lo repite ante sus laderos, “un hombre que sirve para tomar café y hablar de bueyes perdidos”. Y dice muchas cosas más de Fernández.

El gobierno menos federal

Vaya uno a saber cómo termina esta pieza absurda que nuevamente pone en estado de pánico a los argentinos. Fernández tiene ante sí un escenario en el que las opciones son dos: o sale por arriba del laberinto, como pregonaba Leopoldo Marechal, o tendrá que dejar el lugar. Si el porteño céntrico Fernández acepta las imposiciones, lo que habrá de ahora en más en el despacho principal de Balcarce 50 será un maniquí.

  El gobierno convirtió a las Paso (una vulgar y módica competencia para ordenar nombres de candidatos) en un asunto de vida o muerte. Y cuando uno dice “el gobierno” involucra también a Cristina Kirchner, quien sostiene que el presidente se deja influenciar por los amigos. “Este gobierna con los amigos porque no se anima a dejarlos afuera del gabinete. Y eso no es propio de un presidente apto”, suele decir Cristina. Y tiene razón en esta.

  Además de la derrota en las urnas, los peronistas le dan la oportunidad a los adversarios de la oposición de poner en práctica esa cita preciosa de Napoleón: “Nunca interrumpas a tu enemigo mientras está cometiendo un error”. Si la crisis se extiende, a Fernández no le quedara otra que convocar a la oposición.

  Lo que debería haber hecho el presidente apenas terminadas las Paso es echar a la inepta que tiene como ministra de Seguridad, a su jefe de Gabinete y a varios más de sus ministros y voceros ausentes. No hizo nada. Se fue a tomar café.

  Cristina dijo antes de las elecciones ante unos pocos íntimos que temía lo peor. Que la situación en provincia de Buenos Aires era asfixiante y que sospechaba de los números que le acercaba Tito Bacman, el que hizo salir a bailar antes de tiempo a Maxi Kirchner y a Tolosa Paz. La ex presidente observó un desorden descomunal el domingo. Sólo bastaba con ver su rostro enjuto en ese escenario lóbrego.

La doble personalidad

Fernández siempre jugó sin definirse. Adentro respalda a sus ministros y los incita a resistir, pero afuera, con el micrófono en la mano, repite: “Como dice Cristina”. Ese doble juego hipócrita trastornó los nervios de la presidenta del Senado, perdió la paciencia y tiró del mantel. Vaciar el gabinete es dar por terminado el gobierno. No hay descartar que todo vuelva marcha atrás. Hay alguien que podría oficiar de mediador en esta guerra que fue fría pero se convirtió en bélica: Sergio Massa.

  En ese caso el peronismo se habrá fagocitado a si mismo para dejarle el camino libre a Massa, quien tomó durante el día la decisión de no apresurarse. Al presidente de Diputados siempre le juega en contra la ansiedad. Esta vez debe medir sus pasos. Es un nombre que puede arrimar sensatez en este desquicio.

Sin votos ni liderazgo

Otra vez, como tantas, el país está pendiente de una resolución de la interna del peronismo. Muchos tuvieron un déja vú con aquella movida de Adolfo Rodríguez Saá esperando el apoyo de los gobernadores en Chapadmalal, algo que nunca llegó. Fernández ni siquiera es Rodríguez Saá. Fernández no tiene votos propios. Sin Cristina, sin el kirchnerismo, hubiera sido Randazzo.

  El presidente depende los gobernadores. Justo él, el más porteño céntrico y menos federal de todos, incluso Macri. Los gobernadores están demasiado ocupados defendiendo sus territorios como para meterse en una interna contra la dueña de los votos. Fernández quedó solo con su grupete de amigos-funcionarios.

  Lo que ocurrió ayer fue una crisis anunciada. La derrota pegó muy duro en Cristina y su entorno, quienes vieron que no miraban el abismo, el abismo les miraba la cara a ellos. Y Fernández, en vez de reaccionar, se comió un asado pantagruélico con Mario Ishii.

  Está perdido en su mundo Fernández, como un pickle en un pan dulce. No sabe cómo volver al punto de partida. No tiene idea. Y nadie sabe bien porqué. Como la Tortuga Manuelita, de Walsh.

Fuente:La Capital

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