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19 de abril de 2020

Cuánto tiempo más llevará

Claves. La imagen de Fernández no dejó de crecer durante la cuarentena. Imágenes, postergaciones y dudas.

00:00 hs - Domingo 19 de Abril de 2020

No hay bien que con tanto mal pueda preanunciar un cambio de horizonte. Es curioso, pero también es real: cuando todas las variables están más para abajo que la comisura de los labios de Eduardo Duhalde, lo único que creció es la imagen del presidente de la Nación.

Una sociedad anómica e indisciplinada como la argentina ha hecho todo un esfuerzo encomiable de actitud frente a la norma y de respeto a las coordenadas que dio el gobierno sobre la cuarentena. No es más que eso, pero es mucho. Los casos más resonantes de violación a la cuarentena provinieron de individuos mal tallados por la educación y no por la falta de recursos.

La cuarentena administrada será un proceso a desentrañar, a descubrir. El país, la provincia y Rosario tienen números módicos de infectados o poquísimos muertos porque han sido satisfactorias las decisiones que involucraron a la sociedad. Léase, por los buenos resultados de la cuarentena.

Lo que viene debería evitar un fenómeno que se pueda parangonar a la mítica tragedia de la Puerta 12. Se trató de una estampida mortal en el momento en que centenares de personas querían salir del estadio de River Plate, cuando los molinetes todavía estaban colocados. Como un equilibrista, el presidente Alberto Fernández tendrá que definir en su momento cómo serán las excepciones a la regla. "Cuánto tiempo más llevará", canta Charly García en el disco "Bicicleta".

 

De a poco, se irán liberando actividades, al menos por el método de comercio online, y el Estado deberá profundizar la asistencia ya no sólo a los desempleados, los pobres y los "sin nada", sino, incluso, a empresarios y asalariados que quedaron con un pie en el abismo.

Todo momento de la historia, aunque a algunos no les apetezca, tiene una guía ideológica. Pues bien, la que está y la que viene deberá mantener una presencia activa del Estado, aun dirigida hacia sectores empresarios para implementar medidas que, de no tomarse, terminarán con ciudades en emergencia total, ya no sanitaria, sino económica.

La que ha pasado a tercer plano es la instantánea de la política. Las tribulaciones del día a día, la rosca infinita. Sin embargo, las movidas políticas, las tentaciones, las incitaciones a que caigan algunos y se levanten otros están en el ADN del dirigente medio argentino.

Y por allí andan los políticos santafesinos haciendo sus ajustes de señales, planeando estratagemas. No crea el lector que los 14 meses que faltan para las próximas elecciones son, en términos políticos, una eternidad. No, nada de eso. Están a la vuelta de la esquina.

Esta vez, la renovación de la Presidencia de la Cámara de Diputados provincial, programada para fines de abril (todo indica que Miguel Lifschitz será reelecto, aunque hay operaciones en marcha para contradecirlo), y el primer mensaje del gobernador a la Asamblea Legislativa deberán hacerse sin la menor polémica posible para evitar la mirada inquisidora de la sociedad, que está esperando todos los días gestos altruistas de la clase política.

Ni siquiera se sabe por estos días cómo será la instrumentación de esos dos eventos en plena cuarentena. Esto que se cuenta aquí es un adelanto de cómo seguirá o se reanudará la actividad política en Santa Fe y en todos lados una vez que lo peor haya pasado en materia de crisis sanitaria.

Alguien dijo con tino en las últimas horas que de las guerras no se sale ni por arriba ni por abajo, sino sobreviviendo. Ya no habrá en el futuro mediato debates sobre el pelusón en el ombligo de los diferentes actores políticos. Y, si los hay, serán ganados por la indiferencia o el rechazo popular.

Así como la pandemia del coronavirus encontró a todo el mundo con saber científico sin saber un pito de la enfermedad, la salida también estará repleta de interrogantes. Las campañas por venir llevarán las iniciales y la impronta de lo que está sucediendo ahora.

Ahora bien, aunque los números le sonrían a la mayoría de los gobiernos, que nadie crea que esa foto llegó para quedarse. No son pocos los casos de líderes políticos y de gobiernos que ganaron guerras, pero, al corto tiempo, cayeron derrotados ante la gravedad de las economías de guerra. Y lo que se viene en Argentina cuando el temblor haya sido medianamente sofocado es una economía de guerra.

El Fondo Monetario Internacional reveló que el mundo va a caer un 3 por ciento en 2020. Y el 6 por ciento en América latina, el descenso más abrupto en la historia, que incluye en ese valor a la Argentina.

Equivoca el diagnóstico Fernández cuando quiere comparar el hoy con el 2001 y la gestión que llevó adelante con Néstor Kirchner. Cuando el kirchnerismo ganó las elecciones, lo peor ya había pesado. Ese potro había sido domado. Aquí, lo peor en materia económica seguramente no pasó. Y en relación al cuadro sanitario todo está por verse.

La pandemia logró acallar los tambores de guerra que provenían de las internas de los frentes políticos. Quedó en estado de latencia y vaya uno a saber cuándo y cómo se desencadena. Pero de política también vive el hombre y la mujer, aunque no lo crean.

De ahora en más, oficialismo y oposición (provincial, municipal y nacional) deberán llevar adelante políticas de Estado, que es mucho más que un lindo juego de palabras. Fernández lo está haciendo con Juntos por el Cambio, al menos eso se vio en las últimas horas, y Perotti convocó el miércoles pasado a Miguel Lifschitz a la Casa de Gobierno.

Antes y ahora se vio al intendente Pablo Javkin recorrer lugares estratégicos de la emergencia con dirigentes opositores. La lucha contra la pandemia no debe dejar fisuras hasta que, transcurrido el lógico paso del tiempo, los políticos salgan a la cancha a trajinar la campaña. Que nadie sabe cómo será.

 

fuente: la capital

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