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OPINIÓN

18 de mayo de 2026

La economía se resiste a dejarse ver

Entre tasas que bajan, crédito que crece, morosidad que preocupa y sectores industriales en caída, la política todavía no sabe qué relato podrá vender.

La economía argentina está en ese punto incómodo en el que todos pueden encontrar un dato para defender su posición. El Gobierno puede mostrar que las tasas bajan, que algunos bancos empiezan a recomponer resultados, que el crédito a pymes crece y que ciertas líneas de financiamiento vuelven a moverse. La oposición, al mismo tiempo, puede señalar la caída de la actividad metalúrgica, la capacidad instalada ociosa, la morosidad y el costo todavía altísimo del crédito para las familias.

La economía se resiste a dejarse ver con nitidez. No ofrece una foto clara, sino una secuencia de imágenes contradictorias.

Un ejemplo alcanza para medir la confusión: los préstamos personales todavía rondan tasas cercanas al 65%, muy por encima de una expectativa de inflación para los próximos 12 meses que se ubica alrededor del 24%, según el relevamiento del Banco Central. Es cierto que las tasas vienen bajando, pero siguen siendo muy altas para quien necesita financiar consumo o refinanciar deudas.

Los bancos, además, atraviesan su propio reacomodamiento. Durante años ganaron dinero en un esquema muy distinto. Ahora deben aprender a sostener rentabilidad con tasas más bajas, más competencia por buenos pagadores y niveles de mora que todavía inquietan. Sin embargo, también aparecen señales positivas: bancos importantes, como Galicia, empezaron a mostrar ganancias y cierta desaceleración de la mora.

El crédito productivo muestra otra cara de la misma economía. Mientras una familia enfrenta tasas prohibitivas para un préstamo personal, algunas empresas acceden a leasing para comprar maquinaria o vehículos con tasas menores a la inflación esperada. Los bancos prefieren prestar a clientes considerados sólidos, aunque sea a tasas más bajas, porque apuestan a una inflación descendente y a un riesgo más controlado.

En ese contexto, el ministro Luis Caputo destacó que el stock de préstamos a pymes alcanzó en marzo un nivel récord, el mayor en 27 años. Es un dato relevante para el discurso oficial: si hay crédito, puede haber inversión, actividad y recuperación. Pero ese argumento convive con otro dato duro: la producción metalúrgica cayó 4,3% interanual y acumula una baja de 6,2% en el primer cuatrimestre.

La metalurgia parece ser uno de los sectores más golpeados por la apertura económica y el ingreso de importaciones. Los industriales advierten que sólo se utiliza el 41% de la capacidad instalada. Es cierto que parte del parque de maquinarias argentino quedó envejecido por años de desinversión, y que no toda capacidad instalada ociosa equivale a producción posible. Pero el dato igual expresa una tensión real: no todos los sectores llegan vivos al supuesto rebote.

La inflación tampoco ayuda a ordenar el panorama. Algunas consultoras detectaron deflación en la primera semana del mes y aumentos en la segunda. Otras leyeron el movimiento al revés. La mayoría ubica la inflación mensual entre 2,2% y 2,4%, pero las señales son dispersas. La pregunta de fondo sigue abierta: ¿la desinflación ya es tendencia firme o todavía depende de un equilibrio frágil?

Esta indefinición económica tiene una consecuencia política directa. El relato electoral se va a construir sobre estos datos. El oficialismo intentará mostrar que el sacrificio empieza a rendir frutos. La oposición deberá decidir si plantea una corrección moderada del modelo o si propone una ruptura frontal. Y los gobernadores, siempre atentos al clima social, evaluarán si conviene acercarse al Gobierno, tomar distancia o jugar en una tercera vía.

Por eso la economía no sólo define bolsillos. También define alianzas, candidaturas, calendarios electorales y discursos de campaña.

El problema es que todavía no hay una señal dominante. Hay sectores que empiezan a respirar y otros que siguen cayendo. Hay crédito para algunos y tasas insoportables para otros. Hay bancos que mejoran, empresas que invierten y fábricas que trabajan a media máquina. Hay menos inflación, pero no necesariamente más alivio.

La política quisiera una economía más simple: una recuperación clara para vender esperanza o una crisis evidente para ofrecer reemplazo. Pero la realidad, por ahora, no le da ese regalo a nadie. La economía muestra movimiento, sí. Lo que todavía no muestra es dirección.

Fuente: Cadena 3

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