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OPINIÓN

28 de abril de 2026

El salvataje selectivo de funcionarios sospechados

El salvataje selectivo de funcionarios sospechados

Efectivamente, esta es la semana de Manuel Adorni. ¿Por qué? Porque el miércoles irá al Congreso —si se confirma— y también estará presente en la interpelación a la que será sometido el jefe de Gabinete, junto con el presidente de la Nación y gran parte del Gabinete nacional.

Desde la creación de la figura del jefe de Gabinete, tras la reforma constitucional de 1994, no hay registros de una comparecencia en el Congreso acompañado por el Presidente. Sí es habitual que el jefe de Gabinete concurra varias veces al año a rendir cuentas, ya que forma parte de sus funciones establecidas en la Constitución.

Se trata de un cargo de gran relevancia institucional: es el jefe de la administración, una figura que en algunos aspectos se asemeja al rol de primer ministro en sistemas parlamentarios. Sin embargo, en la Argentina, donde el presidente concentra el poder ejecutivo, su peso político es menor. No es electo, sino designado y removido por el presidente.

Pero esta última decisión parece no estar en los planes de Javier Milei. Por eso, el mandatario acompañará a Adorni en su exposición ante la Cámara de Diputados. Se prevé un discurso inicial de una hora, en el que el jefe de Gabinete intentará responder las preguntas enviadas previamente por los legisladores. Luego, se estima una sesión de hasta seis horas con intervenciones que, más que preguntas, suelen convertirse en discursos, críticas y cruces con la oposición.

El antecedente más reciente terminó de forma abrupta: el exjefe de Gabinete Guillermo Francos se retiró del recinto luego de que una diputada lo calificara de delincuente. Argumentó sentirse agraviado y abandonó la sesión, interrumpiendo así una obligación institucional.

En este contexto, la situación de Adorni cobra especial relevancia. Su margen de acción aparece condicionado: prácticamente no realiza declaraciones públicas ni responde preguntas de periodistas. De hecho, los periodistas fueron desplazados de la Casa Rosada, aunque trascendió que esa medida podría revertirse.

Al mismo tiempo, se le atribuye un trato diferencial respecto de otros funcionarios. El caso de Carlos Frugoni —exsecretario de Infraestructura— es ilustrativo. Fue desplazado tras conocerse que no había declarado siete departamentos en Miami ni dos sociedades constituidas en el estado de Delaware, considerado uno de los enclaves fiscales dentro de Estados Unidos.

A diferencia de lo ocurrido con Adorni, Frugoni no tuvo margen político para sostenerse. Su trayectoria incluía pasos previos por la gestión pública, incluso en la Ciudad de Buenos Aires, lo que agrava las dudas sobre el origen de su patrimonio.

Otro caso mencionado es el de Andrés Vázquez, actual director de ARCA, quien fue citado a la Justicia. Se lo investiga por presuntas inconsistencias patrimoniales vinculadas a propiedades en Miami y Buenos Aires por alrededor de dos millones de dólares. Hasta el momento, no logró explicar de manera concluyente el origen de esos fondos.

En este punto, surge una pregunta central: ¿Cómo acumulan ese patrimonio funcionarios cuyos ingresos, si bien no son bajos, tampoco son suficientes para justificar montos millonarios? La cuestión no es nueva ni exclusiva de esta gestión.

Existen antecedentes resonantes, como el de Daniel Muñoz, exsecretario privado de Néstor y Cristina Kirchner, quien acumuló una fortuna estimada en cientos de millones de dólares en propiedades en Estados Unidos, incluyendo inversiones en Nueva York y Florida.

Sin embargo, la existencia de casos previos no justifica situaciones actuales. El problema de fondo no es solo la magnitud, sino la reiteración de prácticas que generan dudas sobre la transparencia en la función pública.

En este escenario, Milei opta por sostener a Adorni. Se trata de una figura clave dentro de un equipo reducido, cuyo rol ha sido cuestionado tanto por la oposición como por sectores del periodismo. No obstante, cada aparición pública parece profundizar las dudas.

El episodio más reciente marcó un punto de inflexión: de vocero con escasa exposición pasó a convertirse en jefe de Gabinete con dificultades para dar explicaciones, al punto de concurrir al Congreso acompañado por el presidente, en una escena inusual para la política argentina.

Fuente: Cadena 3

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