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OPINIÓN

25 de febrero de 2026

¿Hay fútbol por Tapia o a pesar de Tapia?

¿Hay fútbol por Tapia o a pesar de Tapia?

Lo que está ocurriendo con el fútbol argentino no es apenas una disputa dirigencial ni una picardía corporativa. Es algo más profundo y, sobre todo, más desconectado de la realidad social y política del país. La sensación es que sus protagonistas —Claudio "Chiqui" Tapia, Pablo Toviggino y su entorno— actúan como si Argentina siguiera siendo un territorio donde el poder garantiza impunidad automática.

El contexto desmiente esa lógica. La dirigente política más poderosa de los últimos 25 años, Cristina Kirchner, está condenada y detenida, con una sentencia firme confirmada por la Corte Suprema de Justicia. Fue juzgada durante distintos gobiernos, incluso cuando ella misma ocupaba la vicepresidencia. Hubo quien creyó que el triunfo electoral de 2019, con Alberto Fernández en la Casa Rosada, clausuraría cualquier avance judicial. No ocurrió. Y ese dato es clave: si alguien tenía poder real para frenar causas, era ella. No lo logró.

Frente a ese antecedente, el lockout encubierto del fútbol argentino —presentado como “medida de fuerza”— resulta desproporcionado y hasta ingenuo. ¿Qué esperan Tapia y Toviggino? ¿Que la suspensión de partidos genere una ola de indignación popular en su defensa? ¿Que los hinchas comunes, no las barras bravas, salgan a la calle a respaldar a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino? ¿O que los jueces, hoy más observados que nunca, se sientan intimidados porque durante algunos días no ruede la pelota?

Cuando desde la AFA se intentó forzar decisiones que rozaron lo absurdo —como la creación de títulos a medida— la reacción popular fue inmediata. Rosario Central lo padeció en cada cancha: silbidos, insultos y un rechazo generalizado que nada tuvo que ver con el rendimiento deportivo. Algo similar ocurrió con el gesto de Estudiantes de La Plata, cuya dirigencia decidió marcar distancia de una resolución polémica y fue leída, por muchos hinchas, como una señal de dignidad institucional.

Creer que el “pueblo futbolero” va a cerrar filas detrás de los dirigentes es desconocer el humor social. El hincha común puede tolerar malos torneos, arbitrajes discutibles o campeonatos desordenados. Lo que no tolera es la sensación de burla, de privilegio y de impunidad. Mucho menos en un país que ya vio caer a figuras que parecían intocables.

Nada de esto supone idealizar a la Justicia argentina ni negar sus falencias históricas. Vivimos en este país y las conocemos bien. Pero hay una diferencia sustancial entre un sistema judicial imperfecto y la fantasía de que el poder económico o simbólico del fútbol está por encima de todo. Ese error de cálculo puede ser grave.

Si Tapia y Toviggino creen que son más poderosos que quienes ya fueron juzgados y condenados por corrupción, están leyendo mal la época. Y si insisten en tensionar la cuerda, es probable que no sea un juez quien primero les marque el límite, sino los hinchas, cuando vuelvan a las tribunas. Los hinchas de verdad, no los que forman parte del mismo entramado de poder.

Fuente: Cadena 3

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