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OPINIÓN

4 de agosto de 2025

Dólar: la prueba de fuego y quedamos todos con el corazón en la boca

A medida que el dólar se aproxima a la banda superior, el Gobierno enfrenta un problema crítico para contener la inflación y las reservas.

La Argentina enfrenta, una vez más, un momento tenso a nivel cambiario con la cotización del dólar. Con el tipo de cambio a un paso de alcanzar los $1.400, la banda superior establecida por el Banco Central, ¿Logrará el Gobierno sostener su estrategia de control monetario sin desatar una nueva espiral inflacionaria? La respuesta no solo definirá el rumbo económico del país, sino también el destino político de un Gobierno que apostó todo a la contención de la emisión de pesos como pilar para estabilizar la economía.

La situación actual es el resultado de una combinación de factores económicos y políticos que pusieron en juego la estrategia oficial. Por un lado, la oposición, liderada por figuras como Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, ha generado incertidumbre al cuestionar el acuerdo con el FMI y al impulsar medidas fiscales que obligan al Gobierno a gastar recursos que no tiene. 

El reciente "golpe fiscal" en el Congreso, donde gobernadores y opositores forzaron al Ejecutivo a emitir más pesos, es un claro ejemplo de esta presión. Estas acciones no solo desafían la disciplina fiscal, sino que amenazan la esencia misma de la política antiinflacionaria del Gobierno: evitar que circulen más pesos de los necesarios.

A esta tormenta política se suma un error económico del Gobierno. Hace unas semanas, en un intento por reducir el costo de la deuda en pesos, decidió no renovar ciertos instrumentos financieros, como las Lecaps, y ofrecer a los bancos alternativas que pagaran menos intereses. La jugada, aunque audaz, salió mal. Los bancos, reacios a aceptar los nuevos instrumentos, liberaron una masa de pesos al mercado, lo que impulsó la demanda de dólares y provocó una baja en las tasas de interés. Como resultado, muchos ahorristas, al ver menos atractivo el plazo fijo, corrieron a comprar dólares, elevando aún más el tipo de cambio.

Ante este escenario, el Gobierno reaccionó con una medida: aumentar los encajes bancarios del 36% al 40%. Esto implica que, de cada 100 pesos depositados, los bancos deberán inmovilizar 40 en el Banco Central, retirando del mercado entre 4 y 5 billones de pesos. La jugada busca absorber el exceso de liquidez y evitar que la suba del dólar se traslade a los precios. Hasta ahora, los datos son alentadores: según la consultora LCG, los precios de los alimentos cayeron un 0,4% en la última semana de julio, y en las últimas cuatro semanas el aumento fue de apenas un 0,7%. Pero si la suba del dólar se traslada a los precios, el país podría caer nuevamente en el círculo vicioso de devaluaciones y alzas inflacionarias que lo ha caracterizado por décadas.

El aumento del dólar, paradójicamente, tiene aspectos positivos. Favorece a las empresas exportadoras y la competitividad de los productores locales frente a los importados y desincentiva el turismo al exterior al encarecer los viajes. Sin embargo, el éxito de esta dinámica depende de que el Gobierno logre contener la inflación. Si los formadores de precios aprovechan para remarcar, el dólar volverá a quedar "barato" en términos reales, perpetuando la rueda inflacionaria.

El Gobierno sostiene que su estrategia de "secar la plaza" de pesos es la clave para romper el ciclo inflacionario. Si logra mantener los pesos bajo control y evitar que la suba del dólar impacte en los precios, podríamos estar ante un punto de inflexión histórico para la economía argentina. Sin embargo, el aumento de los encajes podría elevar las tasas de interés, encareciendo el crédito y generando un efecto recesivo, un riesgo que divide a los especialistas.

Estamos ante una prueba de fuego. El Gobierno necesita no solo fortaleza económica, sino también poder político para resistir las presiones de la oposición y mantener su rumbo.

Fuente: Cadena 3

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