Miércoles 2 de Diciembre de 2020

Hoy es Miércoles 2 de Diciembre de 2020 y son las 00:44 ULTIMOS TITULOS: Godoy Cruz le arruinó la fiesta a San Martín y se quedó con la victoria / Jóvenes voluntarios realizaron tareas de higiene urbana y difusión sanitaria en Florencio Varela / PabloTrapero ganó el León de Plata en Venecia / San Lorenzo defiende la punta en el clásico ante Huracán con todo el Ducó en contra / Scioli respaldó la continuidad de Fútbol para Todos y se diferenció de los dirigentes de Cambiemos / Independiente se dio el gran gusto y goleó a Racing ante su gente / Olimpo recibe a Sarmiento en Bahía Blanca / Atrapamiento y recuperación del alma / Messi marcó el gol del triunfo ante el Atlético de Madrid / El desmesurado universo de la literatura fantástica / Castro: "La victoria de Corbyn expresa el rechazo a las políticas de austeridad que afectan a los que menos tienen" / Sin escapatoria en la frontera sur de Hungría / Francisco criticó el sistema actual "que desplazó al hombre del centro y puso al dinero" / El jefe del ELN ratificó la disposición a negociar pero advierte sobre la reedición de una "coordinadora guerrillera" / Recordarán en Entre Ríos al milagrero Lázaro Blanco, a 129 años de su muerte / Argentinos recuperó la sonrisa y le ganó a Nueva Chicago de visitante / Nostalgia de las relaciones carnales / Scioli convocó a "ir hacia adelante a partir del 25 de octubre y no para atrás" / Macri prometió "universalizar un ingreso ciudadano" y fijó como meta el "hambre 0" / Ahora 12 superó los 30.000 millones de pesos en ventas /

23.2°

El tiempo en Villa Minetti

POLITICA

17 de octubre de 2017

Jorge Fernández Díaz: "Cristina tiene una gran capacidad para negar lo innegable"

El escritor y periodista analiza la mitomanía de la ex presidenta y piensa que, con Macri, podríamos estar ante una nueva era o ante una nueva frustración.

Te vengo siguiendo como lector y como oyente, hasta que un día me pregunté: ¿con qué lo asocio? Y pensé: es un explorador. Busca, con distintas herramientas, algo más que lo que se ve por fuera. Acepto la idea del explorador. Desde muy chiquito siempre quise escribir novelas de aventuras: unas veces lo logré, otras no. El periodismo me pareció una gran aventura. Con los años se fue convirtiendo en el desafío de dar cuenta del presente. Un poco así lo reconocieron los académicos, que ahora son mis compañeros en la Academia de Letras. Tengo el privilegio de estar entre ellos desde mayo. Y lo que ven los académicos en mi obra es esa idea de tratar de retratar el presente en sus diversas facetas: he escrito relatos de amor, novela épica, espionaje y política, ensayos. No estás tan interesado en algo que se le impone a muchos periodistas, que es la exclusividad y la primicia, sino en descubrir la trama que es determinante, pero que no se ve a primera vista. He sido gerente periodístico en muchos lados. Pero eso se ha muerto y no sé por qué. Supongo que es porque ahora trabajo más de escritor de diarios, de libros y de radio... Amo profundamente mi oficio. Más que “ha muerto”, sería “ha sido un ciclo superado”. Siempre digo: voy a morir con el papel. No queda bien decir esto porque hay una superstición de la hipermodernidad: soy como Nemo, en el final de la trilogía La isla misteriosa, en donde lo entierran. Yo voy a ser enterrado en papel. Por más que haya circulación en lo digital, está vinculado a mí el papel en el sentido del diario y del libro. ¿Dónde estudiaste? Soy hijo de dos asturianos: cuando a los 12 años leo El signo de los cuatro, de Arthur Conan Doyle, digo: “Quiero hacerles a los demás lo que este tipo me está haciendo a mí”. En ese momento no sabía que eso era ser escritor, vivía viendo las viejas películas de Hollywood porque soy un fanático de ese mundo de cine, y leyendo la colección Robin Hood. Esa doble influencia me convirtió en escritor, o hizo mi anhelo de serlo. Jorge Fernández Díaz: "Cristina tiene una gran capacidad para negar lo innegable" Fernández Díaz le dijo a Abadi que vivió dividido entre la profesión diurna del periodismo y la vocación nocturna de la literatura./ Rubén Digilio. Es decir, el narrador de las investigaciones policiales de Doyle y el cine clásico fueron tus maestros. Sí, fue el origen. Pero luego en la secundaria fue bastante errático. Mi padre se dio cuenta de que yo quería ser escritor y para él eso significaba que yo quería ser un vago. Tuvo la confirmación de eso cuando entré a periodismo. En ese momento ser periodista era algo muy distinto. Hace 35 años, todavía era parte de la bohemia: nadie se metía para hacer guita ni para ser famoso; nos metimos ahí como una de las ramas posibles de la literatura. Y cuando se decía bohemia, probablemente en la mentalidad de tus padres se estaba diciendo una cierta irresponsabilidad, dificultad para poder sostenerte, compañías que podían hacerte bien o mal. Exactamente. Mi padre era mozo de bar y esperaba que yo fuera abogado o médico. No me lo perdonó, me dio por perdido cuando tenía 16 años... Eso duró unos ocho o nueve años: no podíamos hablar, a no ser que fuera de fútbol. ¿Sabés cómo terminó la historia? Cuando entré a La Razón yo hacía Policiales: iba a hacer el cadáver de cada día y escribía a gran velocidad. Hasta que convencí a mi director de hacer un folletín, una novela negra, por entregas... Yo estaba leyendo a Chandler, Hammett y a Ross Macdonald. Yo le dije: “Con todo lo que sabemos de la mafia del fútbol, pero no podemos publicar porque no tenemos pruebas, ¿por qué no me dejan escribir una novela negra por entregas?”. Y así fue: la entregué con responsabilidad. La fuimos publicando por partes. ¿Cómo se llamaba? El asesinato del wing izquierdo: hoy está adentro de un libro mío. Mi padre no me llamaba nunca, pero un día sonó el teléfono en mi escritorio y era él. “Te quiero preguntar algo: ¿el protagonista va a recuperar el botín?”, me preguntó haciendo referencia al final de uno de los capítulos de la entrega. Estaba en el bar, discó desde el mostrador para preguntarme eso y me dijo: “Aquí todos lo leen y quieren saber qué va a pasar. ¿Les puedo decir que va a recuperarlo?”. Le dije que sí, mientras que yo lloraba sin que él se diera cuenta. ¡Qué enorme lo que contás! La literatura que nos había separado nos volvió a unir. Es como si tu papá te hubiera preguntado: “¿Estoy a tiempo de recuperarte todavía, hijo?” Sí,y nos recuperamos.Después yo seguía en el periodismo, con la sensación de que tenía que parar la olla, y la literatura tenía que ser algo nocturno, todavía para no defraudar a mi padre. No fui un escritor muy duro, no sólo porque me enamoré también del periodismo, sino también para no defraudarlo a él. El concepto y la cosmovisión que tenían tus padres era que había que ser alguien. Sí, la literatura era la nocturnidad. Todavía lo sigue siendo, a pesar de que ahora podría vivir de la literatura. Tengo el enorme privilegio de ser un best seller, pero vivo en los dos mundos. Durante muchos años sufrí mucho la idea de que el periodismo era mi esposa y la literatura mi amante. Eran como dos mujeres que te exigen todo: tiempo, energía, cariño y fuerza. Había mucha bronca entre las dos, y hubo un momento en el que las cosas cambiaron: fue cuando entrevisté a mi madre para el libro Mamá. Cuando la entrevisto, hay un crack porque ese libro tiene literatura y periodismo al mismo tiempo. En esa convergencia nace Jorge Fernández Díaz, integrando esos dos aspectos, aprendiendo a convivir, con las tensiones con que se convive generalmente. Sí, y te voy a contar una cosa más de la infancia. En la casa de mis abuelos, en Palermo, mi tío abuelo no quería que la gente supiera que él era español: no era fino ser español ni italiano. Fino era ser argentino. De hecho tenía un hermano que tocaba la gaita y él no quería que la tocara en la casa porque se iba a escuchar que éramos españoles. Nino se llamaba: se encerraba en el sótano a tocar la gaita, mirá el sentido de la clandestinidad. Jorge Fernández Díaz: "Cristina tiene una gran capacidad para negar lo innegable" Se dedicó a la literatura a pesar de la negativa de su padre. En mayo fue nombrado miembro de la Academia Argentina de Letras. /Rubén Digilio. Otra vez: la clandestinidad y el secreto. Qué presente que estuvo en tu vida la amenaza. “No hagas esto que no vas a poder creer”, te decían. Mi vida es una búsqueda de la autenticidad, de salir como mi tío abuelo: salir de la clandestinidad del sótano. Decime, ¿a qué edad te casaste? Con mi primera mujer, a los 24 años. Y me casé por segunda vez hace poco. ¿Tenés hijos? Sí, dos: de 31 y 25. Uno estudia economía y trabaja en radio Mitre. La otra es productora musical. ¿Cómo es tu relación con ellos? Muy buena. ¿Tenés muchos amigos? Sí, tengo relaciones muy fuertes. Tengo la teoría de que uno tiene amigos del primer cordón, del segundo y del tercero... Como el Conurbano bonaerense. Y los del primer cordón son muy fuertes y necesarios para mí. Hablo con ellos casi todas las semanas. ¿Hubo algún naufragio fundamental en tu vida? Fracasé muchas veces. Por suerte triunfé muchas otras. ¿Pero hay algún episodio que recuerdes puntualmente y no te gustaría que se repitiera? Más allá de los episodios fundamentales, que los hubo y de los cuales aprendí mucho y fueron parte importante de mi literatura, sí. Viví momentos fuertes, como mi paso por Neuquén. Viví cinco años en la Patagonia porque tenía la utopía de la casa alpina, en el bosque, y finalmente no ocurrió. ¿Lo sufriste? Mucho. Además me metí en un caso policial, fue un momento terrible. Era subdirector del diario Perfil, que sólo a los 82 días se derrumbó. Te aseguro que estuve a punto de dejar el periodismo para siempre. Jorge Fernández Díaz: "Cristina tiene una gran capacidad para negar lo innegable" En unos días sale a la venta "La herida", de algún modo la segunda parte de "El puñal". Es una novela negra, con todos los ingredientes de "argentinidad". ¿Existe algún político que admires? ¿Argentino? Alfonsín... Cada vez lo admiro más. Será porque en su momento lo combatí injustamente. Y me gusta mucho lo que escribía Frigerio, me parecía un gran intelectual... Te hablo de los años ‘50. ¿Tenés esperanzas respecto a nuestra sociedad? Relativas. ¿Sos un pesimista esperanzado? Claro, podemos decirlo así. Eso me describe perfectamente. ¿Y cuál es tu visión del presidente? Tiene personalidad de deportista: capacidad de aprendizaje, tenacidad y oficio para jugar en equipo. Hace unos años era un amateur, hoy es un profesional. Quienes lo subestimaron, se equivocaron garrafalmente. Lucha ideológica, cultural y personalmente contra su padre. Duda entre ser desarrollista o liberal. Se fue convenciendo, por el camino, de las bondades del republicanismo. No es quien sus enemigos a izquierda y derecha quieren que sea, y eso me parece una virtud. Carece de sensibilidad política para temas ajenos a lo tecnocrático, y eso es un problema serio. ¿Y cómo lo ves en su desempeño como presidente? El gobierno nació débil, obligado a pactar y a avanzar en la venenosa telaraña que dejó el neopopulismo. Y bajo la sombra del helicóptero de todo gobierno no peronista. Se está endeudando peligrosamente para bancar el gradualismo, es decir para no realizar un ajuste brutal que produzca enorme dolor social y lo haga volar por el aire. La recuperación económica es, por lo tanto, muy lenta. Puede ser un puente hacia una nueva era de la Argentina, o hacia una nueva frustración. La moneda, en este país, siempre está en el aire. ¿Y como periodista y como ciudadano, qué pensás de lo que dijo Cristina Kirchner en la entrevista que le dio a Novaresio? Fue una gran actuación de ella, con llanto incluido. Tiene una enorme capacidad para huir de las preguntas complicadas, negar lo innegable y cambiar de vereda a cada rato. Además, lanza mentiras a repetición, con el agravante de que muchas veces se las cree. Algo peor que el cinismo es la mitomanía. Es muy difícil entrevistar a un personaje así, con un discurso tan extraviado de la realidad. Todo te lleva a replicarle una y otra vez, y eso ya no sería una entrevista profesional, sino un debate o una pelea de perros. Luis Novaresio es excelente y fue hasta donde se podía, sin abandonar su rol de periodista. Hablemos de la grieta. ¿En algún momento de los últimos años te pusieron en un bando o en otro, o recibiste algún tipo de agresión física o verbal? Mi posición crítica del kirchnerismo comenzó desde el primer momento, aunque en lo personal me pareció que los primeros años de Kirchner y Lavagna fueron muy buenos. Luego todo se degradó, y llegó al paroxismo con la 125 y el “Vamos por todo”. El país entró entonces en un estado de emergencia. Y eso coincidió con mi desarrollo como columnista de fondo, que me obligó a escribir un pequeño ensayo cada semana, donde fijaba posición. Esos artículos defienden la posibilidad de una democracia republicana sostenida en el tiempo, sistema que es combatido por el kirchnerismo y que nunca pudimos consolidar en la Argentina. Me siento muy comprometido con esa módica pero crucial esperanza. Afortunadamente, nunca sentí la agresión física. A la verbal la siente cualquiera que se expone a las redes sociales. Lo que en tus textos aparece es que la gente se puede preguntar si lo que lee es verdad. Lo más interesante es que vos responderías: es y no lo es. Esto lo hace cualquier escritor, pero hay escritores periodísticos como Tomás Eloy Martínez, que fue un gran maestro para mí. El periodismo tiene su contrato de lectura que no hay que violar, pero hay una literatura periodística que te permite explorar. Y que el mundo interno y las verdades no transitan sólo por la supuesta información objetiva. También tiene que ver con la fantasía y con lo que uno inventa. Es el caso de El puñal, que tuvo gran éxito. ¿Sí? ¿El mismo éxito que Mamá? ¡Más! Mamá siguió vendiendo a lo largo del tiempo, es un longseller. El puñal tuvo un tremendo éxito, no se sabe por qué. Ahora viene una segunda historia, La herida, con el mismo personaje: Remil. Le dicen hijo de re mil puta, no tiene nombre verdadero. Es un agente de inteligencia que se mueve por el lado oscuro de la política. Desde chico quería hacer una novela de espías, desde que leía a Ian Fleming y a otros. Por supuesto que una llena de historias amorosas y pasiones. Fracasé un montón de veces, hasta cuando fui grande. Sobre todo hay que entender que en la Argentina, los servicios de inteligencia no se dedican a espiar a las grandes potencias, sino a arreglar chanchullos oscuros de la política. Terminé escribiendo El puñal y mostraba la mafia política: lo que no podía contar como columnista, lo contaba con la literatura. Yo quería desnudar la política y desnudar el amor. Y así surge. Claro. Cuando vos desnudás la política, queda esta relación turbia. Cuando desnudás el amor, queda una pasión inexplicable... A veces turbia. Seguí adelante porque descubrí que Remil era una herramienta para poder seguir contando esa parte de atrás que no puedo contar en la radio ni en el diario. La herida se basa en la idea de que todos tenemos una herida fundamental de la vida. Luchamos contra ella a lo largo del tiempo... Todos la tenemos. La novela empieza cuando una monja se mira al espejo y se empieza a desnudar hasta que queda desnuda: agarra sus atuendos y los tira al fuego. Hay una segunda escena en donde alguien mata a una pintora. Son dos dos crímenes investigados por un agente de inteligencia, y además interviene el Papa Francisco. ¡Muy bueno! Quiero rebautizarte agregándote un nuevo mote: indagador. Y sos un espía también. (Risas) Un poco, en ese sentido sí. Un espía que cuenta la otra trama de la realidad. Contás desde el lugar por el que tenés que transitar. No sólo contás, vos contás lo que vivís. Y lo que veo. Pero estás ahí en el personaje. Sos Remil también. Sí. Es un héroe infame, y al final uno tiene empatía con él. De alguna manera tengo algo de Remil también, sólo que no soy tan miserable como él.

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios

Escribir un comentario »

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!