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20 de octubre de 2021

Sueño cumplido: un grupo de productores recuperaron un molino y encendieron motores

Doce emprendedores del sur santafesino, que se dedican a la actividad agropecuaria, compraron y resurgieron un molino harinero en Armstrong. La iniciativa promete ser el puntapié de nuevos negocios en la zona.

Un grupo de productores agropecuarios santafesinos lograron cumplir su sueño: encontrar un proyecto en común y explotarlo. Tras varios años sin saber en qué invertir, descubrieron un molino en la localidad de Armstrong, que trabajaba a media máquina y que estaba disponible para la compra. Así fue que decidieron apostar a la iniciativa y hoy ya lo tienen produciendo y con nombre propio: CreHar.

La historia involucra a un puñado de soñadores de las localidades de Armstrong, Las Parejas, Montes De Oca, Bustinza, Bouquet y Cañada De Gómez, que se dedican a la actividad agropecuaria y que durante 25 años estuvieron deseando encontrar un objetivo en común que los uniera en una unidad de negocio. Y este año lograron cumplir su meta.

El molino pertenecía a la Cooperativa Agrícola Ganadera de Armstrong. Si bien el nuevo “chiche” es una planta relativamente nueva, los socios se entusiasmaron con la idea de invertir en conjunto y poder desarrollarla un poco más.

Aunque la posibilidad de adquirirlo surgió en enero de este año, recién en mayo lograron concretar la compra, en plena segunda ola de Covid-19. Con un acuerdo concreto de no tocar un solo peso de los beneficios económicos que el molino otorgara y de reinvertir todos los recursos genuinos, los productores esperan culminar los trámites burocráticos y poner a trabajar el molino al 100% lo antes posible.

El deseo que envuelve a este grupo de productores no solo se aferra a la idea de explotar el molino, sino de ir más allá y ampliar, en un futuro, la unidad de negocio hacia otros horizontes. Aunque no tienen bien en claro en qué, sí saben que éste es el puntapié inicial de un proyecto mucho más macro que heredarán sus hijos e hijas.

Un sueño de 25 años

“La idea venía hacía mucho tiempo entre los productores que somos socios. Pertenecemos al grupo ‘CREA Armstrong - Montes de Oca’. Hace 25 años que trabajamos juntos. Siempre teníamos la idea de dar valor a la producción en algo, pero nos costaba decidirnos porque siempre surgía el obstáculo de arrancar algo desde cero, lo cual era engorroso y llevaba mucho tiempo”, relató a Agroclave, el actual presidente del molino, Mario Giorgi, oriundo de Las Parejas.

 

Según relató el productor, un día apareció en el mapa “este molino”. Si bien la estructura ya estaba en marcha, no estaba funcionando en todo su esplendor. Así, frente a esta oportunidad, el conjunto compuesto por doce inversores, de los cuales dos no pertenecen al grupo CREA sino que fueron invitados, tomaron la decisión de avanzar con la operación y comprarle la planta a la Cooperativa Agrícola Ganadera de Armstrong.

¿Pero cómo aparece el molino en el radar de los socios? La historia se remonta a enero del 2021 cuando “se lo ofrecen” para vendérselo a uno de los productores y, como el negocio le quedaba “un poco grande”, decidió “compartirlo con el grupo”. Si bien el desarrollo de la compra fue bastante ágil, estuvieron varios meses charlando hasta que tomaron la decisión final en mayo.

Para poder llevar adelante la idea, le dieron forma a una sociedad que denominaron: Molinos CreHar SA. Tras varias reuniones y arduos debates, los socios decidieron que la nueva adquisición se llamara “CreHar”. Es una suerte de conjunción entre las palabras “crear” y “harina”.

Aunque se trató de una apuesta importante, el molino es bastante nuevo. Tiene tres años de antigüedad y siempre operó en un solo turno de ocho horas, con lo cual no tiene un desgaste significativo.

Para saber lo que estaban comprando, “lo hicimos tasar y nos dijeron que estaba en buenas condiciones, con lo cual no tuvimos que invertir demasiado dinero en arreglos sustanciales, sino en cuestiones mínimas para ponerlo a punto”, recordó Giorgi.

El molino, ahora denominado “CreHar”, se ubica en un predio sobre la autopista Rosario-Córdoba en el kilómetro 381, casi llegando a la localidad de Armstrong. Es una zona estratégica, no solo por su visibilidad, sino también por el fácil acceso que tiene.

La estructura está compuesta por un galpón -donde está el molino- y un depósito de harinas de 600 metros cuadrados. También hay dos silos para almacenar unas 350 toneladas de trigo. La planta tiene una capacidad de producir 20 mil kilos cada ocho horas. En total el lote donde se encuentra mide 1,6 hectáreas.

Poniendo primera

Los productores agropecuarios ya tienen todo listo para ponerlo a trabajar. “Ya compramos trigo para moler y nos falta una habilitación en el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), que no sabemos por qué está demorado, y es el que nos permitirá hacer harina de 000”, explicó su titular.

Hasta el momento, solamente está en marcha la producción de la harina 0000, aunque “lamentablemente” es la que “menos se procesa en cuanto a volumen”, por ende, los nuevos dueños de la planta “CreHar” están a la espera de obtener los últimos papeles habilitantes para poder producir otras harinas (000 y Salvado) y comercializarlas.

Los silos, que hoy en día están repletos de materia prima, están siendo demandados por viejos y nuevos clientes que tenía el molino cuando era manejado por la cooperativa. “Solo resta un trámite burocrático para que pongamos la planta a trabajar al 100% y podamos volver al mercado”, aseguró Giorgi.

De hecho, mientras esperan, están armando una oficina comercial que se está encargando de ordenar la lista de potenciales compradores y de planificar reuniones con la cartera de antiguos clientes que tenía la Cooperativa Agrícola Ganadera de Armstrong.

El molino se ubica sobre la autopista Rosario-Córdoba, kilómetro 381, casi llegando a la localidad de Armstrong

El molino se ubica sobre la autopista Rosario-Córdoba, kilómetro 381, casi llegando a la localidad de Armstrong

 

El objetivo que se propusieron en un principio es “trabajar un turno de ocho horas por día para agarrarle la mano tanto a la molienda como al negocio también”. La intención es empezar de a poco para poder ir progresivamente mejorando y “producir cada vez más”, aunque sin apuro. Es que además de la harina, pretenden desarrollar “salvado y semita”, es decir, no solo quedarse en la harina.

Si les empieza a ir bien con el molino, que ya cuenta con dos operarios y una empleada administrativa, buscarán ampliar la plantilla con más personal acorde a lo que la demanda les vaya exigiendo.

La realidad es que “hay muchos proyectos en mente de cara al futuro”, advierte su titular. Los socios tienen en claro que a medida que la demanda se incremente, deberán contratar “más personal” con la mira puesta en “sumar más horas de trabajo” y ampliar la producción. “Es a lo que apuntamos”, subrayó.

Pese a la inversión que llevaron adelante los doce emprendedores, “todos” viven de su trabajo agropecuario en el campo y de sus actividades privadas. “Esto nos brinda la posibilidad de no tener necesidad de obtener un rédito económico por parte del molino y poder reinvertir toda la ganancia para seguir creciendo”, contó Giorgi.

El hecho de haber podido concretar este proyecto “significa mucho para nosotros, se nos cumplió un sueño”, admitió y agregó: “Es algo que, por suerte, se dio de manera sencilla, simple y no tuvimos la necesidad de empezar desde cero, sino encontrar un objetivo en común pero que ya estuviera funcionando”.

Lejos de querer estancarse, y ante la posibilidad de explotar mucho más el predio donde está ubicada la planta, los productores fantasean con poder seguir expandiéndose y armar nuevas unidades de negocios.

Aunque todavía no tienen muy en claro hacia dónde los llevará el molino, sí tienen en mente el “no estancarse” y poder seguir proyectándose apalancándose en la nueva planta que lograron comprar.

   

La aventura de invertir en el molino tiene como finalidad poder dejarla posteriormente en mano de los hijos e hijas de los socios. Es un emprendimiento que ejecutaron varias familias que se pusieron de acuerdo, así que “el plan es que pueda quedar en manos de las próximas generaciones”, destacó Giorgi.

Los doce socios se muestran entusiasmados con el nuevo emprendimiento y si bien hace pocos meses que comenzaron a trabajar en el molino, el horizonte por delante es infinito. Las ganas y el orgullo de compartir ese objetivo que los une y que los proyecta; algo que buscaron durante 25 años y que hoy, en plena pandemia del coronavirus, lograron encontrar.

Fuente:Agro Clave

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