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ECONOMÌA

15 de marzo de 2021

Cómo calibrar la lucha contra la inflación

El economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso), Nicolás Pertierra, consideró que además de los acuerdos sectoriales, hay que evitar saltos cambiarios y trabajar en la microeconomía para frenar la suba de precios

Ni la fuerte crisis del pandémico 2020, ni la euforia de una recuperación a tasas chinas. El escenario para 2021 se presenta con marcados indicios de un repunte de la actividad y en el cual el poder adquisitivo pueda ganarle a la inflación si, en el marco de los acuerdos de precios y salarios, los empresarios resignan márgenes de rentabilidad. En esos términos, el economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, Nicolás Pertierra, consideró que el control de la inflación deberá estar asentada no solo en las negociaciones o mesas sectoriales sino además “en evitar saltos bruscos del tipo de cambio” y en una sintonía más fina en la microeconomía a través de estrategias como los programas Precios Máximos. “Para que la estabilidad cambiaria continúe por un período de mediano a largo plazo, el hecho de tener controles cambiarios para la compra de divisas para ahorro es indispensable, insustituible”, agregó.

También consideró que la urgencia por renegociar la deuda con el FMI no debería ser tan importante, porque “no va a cambiar la realidad económica argentina como tampoco la cambió cuando se renegoció con los acreedores privados y a la semana siguiente estábamos con la corrida de la brecha cambiaria”, dijo. “Esperar esas soluciones mágicas con la firma del acuerdo, no aporta mucho”, agregó y en cambio, consideró clave avanzar con la querella del gobierno a los funcionarios de Cambiemos por el endeudamiento. “Desde lo económico es muy difícil sostener y fundamentar cómo se hizo para comprometer pagos por más de u$s 20 mil millones d por dos años consecutivos, en 2022 y 2023 cuando Argentina tiene un saldo comercial positivo de 10 o 12 mil millones de dólares”, señaló.

—Hay algunos indicadores positivos que en los últimos tres meses muestran un crecimiento interanual, después de un año tan duro como 2020 ¿Estás viendo un escenario de reactivación sostenido para 2021?

—Por ahora en términos generales se ve una recuperación que tiene una heterogeneidad muy grande. En algún momento de 2020 dependía de la región del país, vimos según sectores, ya que algunos se recuperan más rápido y otros llevan más tiempo. En los últimos meses del año pasado la construcción, sobre todo privada, empezó a recuperarse fuerte con algún rezago de la obra pública que en los últimos meses tiene un protagonismo más importante. Esto se vio cuando aumentaban Ahora, en el último mes, la industria automotriz mostró una recuperación importante y otros sectores siguen muy golpeados, sobre todo los de entretenimientos,. Otros como gastronómicos o turismo, si bien se recuperaron, los porcentajes de actividad están lejos de ser los que supieron tener en años anteriores.

—¿Se reactivó más la industria que los servicios?

—Dentro de lo que son los servicios o comercios hay algunos que se recuperaron bastante fuerte e incluso tuvieron un 2020 muy bueno como el comercio de cercanía. Todavía hay una incógnita sobre con qué estructura de gasto de la familia (que se alteró) y con qué estructura productiva se sale, porque se han transformado y hay dudas si se vuelve a la situación anterior. A mí me parece que no va a ser así. También se traslada para este año una gran incógnita que son los incrementos salariales. Así como la actividad en cada sector ha sido heterogénea y dispar al interior de cada sector, los trabajadores pudieron tener aumentos dispares según la actividad. En el promedio se podría decir que el salario privado salió casi empatado con la inflación 25% o 26%, pero la disparidad todavía es grande.

—El gobierno planteó la necesidad y posibilidad de que este año los salarios le ganen a la inflación por algunos puntos ¿De qué depende?

—Algo que suma chances para que sea más fácil que se dé ese escenario es el contexto de recuperación económica que estimamos en 5% para 2021. El crecimiento facilita eso. Supongamos un escenario alternativo de cero crecimiento de la economía, para que los salarios ganen por encima de los precios necesariamente se tiene que resignar ganancias empresarias de alguna manera. Es un juego de suma cero, lo que gana el asalariado lo pierde el empresario cuando no hay crecimiento. En cambio, cuando se sube la actividad, se produce más y se vende más y se puede recuperar el salario manteniendo constante la ganancia y reduciendo el margen de rentabilidad. Probablemente muchas empresas, sobre todo las más grandes, que son las que más aumentaron la rentabilidad en los últimos años. Lo que puede pasar es que no necesariamente resignen ganancias en términos totales pero sí margen de rentabilidad, se gane un poquito menos por cada unidad vendida, pero se vendan más unidades. Ese es el escenario al que se apuesta este año, que me parece bastante factible. Estamos hablando de un crecimiento del 5%, no del 10%. Es fino el margen para que se de. Una forma de garantizar eso se está viendo en los últimos acuerdos salariales, que establecen pautas de revisión en los últimos meses del año e buscan garantizar que si la inflación llega a estar arriba del porcentaje agreguen algunos puntos para terminar el año arriba. Muchos están cerrando con una pauta en torno al 30% de inflación ¿Qué pasa si en lugar del 30% es de 35%? Es una diferencia que a esta altura no es una grande pero con 35%, los salarios terminan empatados y con 30%, ganando.

—En el tema de la inflación el gobierno puso énfasis en los acuerdos de precios y salarios, en las mesas de concertación con los empresarios, ¿Están resultado efectivos, es el camino correcto?

—Si fuese la única política para administrar los precios se quedaría corta. Es muy positiva, combinada siempre cada una de ellas. Hay tres estrategias en simultáneo para lidiar con el tema precios e inflación. Una es algo más político-institucional, donde el gobierno hace una convocatoria pero depende de la respuesta que consigue de otros actores de la sociedad civil. Ahí no funcionaría solamente un

a política de multas y castigos, tiene que apostar y es necesario que se generen acuerdos más generales. Obviamente con algún grado de dificultad. A diferencia de los años 70, hoy esa mesa es más heterogénea. Las ramas de actividad se han diversificado, el empleo registrado ya no representa un porcentaje muy grande y un tercio del sector está afuera. Las otras dos patas con las que se complementa son, por un lado controlar y evitar saltos bruscos del tipo de cambio y, por otro un aspecto microeconómico de acuerdos más puntuales como pueden ser Precios Máximos, Pecios Cuidados, para servir de referencias, o acuerdos puntuales como el del maíz y la carne cuando hay un evento particular que se hace necesario atender en el corto plazo. También en lo microeconómico, un trabajo que todavía no se ve mucho y debería empezar a verse, es más una perspectiva de mediano y largo plazo. El tema de los precios necesita, por ejemplo en la cadena de alimentos, trabajar en la productividad de otros actores que no son tan protagónicos.

—El gobierno está haciendo gala de la pax cambiaria ¿se puede consolidar?

— Para que continúe por un período de mediano a largo tiempo, el hecho de tener controles cambiarios para la compra de divisas para ahorro es indispensable, insustituible. Hay que pensarlo como un componente de esta estrategia central de desinflación que lleva varios años. Quien asumió hace pocas semanas como virtual viceministro de Economía, tiene un trabajo académico sobre los casos de países que pasaron de una inflación moderada de 30 o 40% a inflaciones bajas como Chile, Colombia en los años 80 y 90 y en todos los casos llevó varios años. Son fundamentales para garantizar esos procesos los controles para evitar saltos bruscos del tipo de cambio. Agregaría la brecha cambiaria. Se tomaron medidas tal vez un poco tarde, pero hoy ya está incorporado como algo a monitorear, donde el gobierno tiene que incidir para contribuir a una estabilidad macroeconómica indispensable.

"Para que continúe la pax cambiaria el hecho de tener controles para la compra de divisas para ahorro es indispensable

— El acuerdo con el FMI es otro de los temas claves del año, ¿Qué condiciones tendría que tener?

— Al Fondo se lo incorporó en la política económica argentina para condicionar al propio gobierno si ganaba Cambiemos y eventualmente cualquier otro. Ese fue el rol, poner un árbitro que nadie eligió democráticamente y aparentemente ahora tendría potestad de decidir y condicionar las políticas económicas que se toman. Lo primordial del acuerdo, antes que el tiempo y la urgencia, es evitar eso que fue lo que intentó el gobierno de Macri que es incorporar una supervisión externa en los márgenes de decisiones de política económica de Argentina. La teoría de porqué hay que tener un acuerdo rápido, está asociada a una mejora de expectativas, de ánimo, de despejar el horizonte, pero eso no es una garantía suficiente, no hay una ola de inversiones esperando venir a la Argentina una vez que se selle un acuerdo con el FMI. Hay que resolverlo, pero no va a cambiar la realidad económica argentina a la firma del acuerdo, como no cambió a la semana siguiente que renegociamos con los acreedores privados. A los pocos días de eso estábamos con la corrida de la brecha cambiaria.

— ¿Es viable la querella del gobierno contra los funcionarios del macrismo por el endeudamiento con el Fondo?

— Respecto a la querella propuesta por el gobierno nacional me parece lógico que se investigue cuáles fueron los fundamentos. Desde lo económico se me hace muy difícil sostener y fundamentar cómo se hizo para comprometer pagos por más de 20 mil millones de dólares por dos años consecutivos, en 2022 y 2023. Argentina tiene un saldo comercial positivo de 10 o 12 mil millones de dólares, es una cantidad de financiamiento que lo único que garantizaba era que el futuro gobierno tuviera que sentarse con el Fondo a negociar un plan económico. El escenario de la fuga de divisas que estaba hasta incorporado en el propio estatuto, hace mucho ruido para poder justificar un acuerdo de esas características en la situación que estaba la Argentina. No resolvió problemas, incorporó un actor que no estaba en las decisiones de la economía argentina y posibilitó que grandes fondos durante un tiempo corto de tiempo siguieran dolarizando. Y sabemos que muchos tenían línea directa con actores del equipo económico, con Luis Caputo, (Federico) Sturzzeneguer y (Guido) Sadleris.

"Desde lo económico es difícil fundamentar cómo se hizo para comprometer pagos al FMI por más de u$s 20 mil millones por dos años consecutivos

— Cambiemos dice que se usó para pagar deuda anterior ¿Qué hay de cierto en esto?

— Me pregunto qué necesidad había, si la mayoría de la deuda que se canceló era interna, dentro del sector público, no es neutral ese cambio. ¿A quién le debía el Estado argentino, al propio Estado o a un organismo externo? y ¿Por qué tomar esa decisión si los organismos nacionales estaban en condición de renovar esa deuda?. Además, el déficit que tenía el Estado era en pesos, también es llamativo. La necesidad de endeudarse en moneda extranjera era justamente traer esos dólares a las reservas del Banco Central para que se lo lleven otros actores económicos. Argentina no tenía necesidad de endeudarse en dólares con un problema fiscal. Más llamativo fue cuando el ministro (Hernán) Lacunza incumplió los pagos de deuda en moneda local con actores locales antes de incumplir pagos en moneda extranjera. Son decisiones económicas, pero hay tantos intereses atrás que asignan ganadores y perdedores por montos tan importante.

Fuente:La Capital

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