OPINIÓN
24 de octubre de 2026
Y vos, argentino, ¿qué vas a hacer con tus dólares?
Las deudas y el costo del financiamiento ponen bajo presión a las grandes economías. Para los argentinos, acostumbrados a refugiarse en el dólar, el escenario abre una pregunta sobre sus ahorros | Por Adrián Simioni.
Durante décadas, los argentinos aprendimos una receta para protegernos de nuestros gobiernos: comprar dólares y guardarlos. Después de devaluaciones, inflación y crisis de confianza, el billete verde se convirtió en una forma de tranquilidad. Pero esa costumbre merece una revisión: ¿qué pasa si las monedas que usamos como refugio también pierden cada vez más poder de compra?
Javier Milei incorporó el escenario internacional a su explicación sobre las dificultades de la economía argentina. Señaló la suba de las tasas de interés y las guerras como factores que encarecen el financiamiento y complican los resultados de su programa. El argumento apareció en medio de una nueva escalada del riesgo país.
La Argentina, por supuesto, arrastra su propia historia y su incertidumbre política. Los mercados también miran nuestra capacidad para sostener las decisiones económicas. Ningún conflicto externo borra ese prontuario. Pero concentrarnos exclusivamente en nuestros problemas puede impedirnos advertir una discusión que empieza a tocar el bolsillo de quienes creen tener sus ahorros a salvo.
Las grandes economías enfrentan una combinación difícil: deudas elevadas, mayores costos para financiarlas y sistemas políticos con dificultades para acordar ajustes. Francia ofrece una postal de esa tensión. El rendimiento de sus bonos a diez años llegó al 5%, el nivel más alto en 24 años, mientras la fragmentación parlamentaria complica la aprobación del presupuesto.
Japón muestra otra dimensión del problema. Su deuda pública bruta supera el 200% del producto y, según un análisis publicado por el FMI, los pagos de intereses podrían aproximadamente duplicarse entre 2025 y 2031, a medida que se refinancien vencimientos con tasas más altas. Esa presión convive con mayores necesidades de gasto por el envejecimiento de la población.
Detrás de esos números hay un conflicto político conocido. Recortar gastos tiene costos electorales; subir impuestos encuentra resistencias; seguir tomando deuda resulta más caro. Y las tasas altas, además de aumentar gradualmente la carga financiera de los Estados, pueden desalentar el consumo y la inversión.
En ese contexto aparece una hipótesis inquietante: que los gobiernos terminen tolerando más inflación para reducir el peso real de sus deudas. La inflación puede erosionar las obligaciones expresadas en una moneda, aunque también puede empujar hacia arriba el costo del nuevo endeudamiento. La licuación tiene límites y consecuencias.
¿Se está "argentinizando" el mundo? La comparación sirve como provocación, con diferencias enormes en instituciones, crédito y credibilidad monetaria. Tampoco hay un desenlace inevitable. Pero el riesgo merece atención: las dificultades para ordenar las cuentas públicas pueden terminar trasladándose al valor de la moneda.
Ahí aparece la paradoja para Milei. Su programa propone disciplina fiscal y defensa del valor del dinero mientras algunas economías desarrolladas discuten cómo sostener compromisos cada vez más costosos. El Presidente tendrá que demostrar que ese rumbo puede perdurar y construir confianza dentro de un escenario internacional menos favorable.
Para el ahorrista argentino, la discusión tiene una traducción muy concreta. Quien guardó 20 mil dólares hace quince años y conserva esos mismos billetes mantiene la cantidad nominal. Su capacidad de compra, en cambio, se fue erosionando con la inflación estadounidense. Contar los billetes no alcanza para medir cuánto patrimonio se conservó.
Si esa pérdida se acelerara, la costumbre de dejar capital inmóvil sería todavía más costosa. Y surgiría una pregunta que muchos vienen postergando: comprar una vivienda, invertir en una empresa, buscar instrumentos que generen una renta o seguir esperando.
Los inmuebles, las acciones, el oro, las materias primas y las criptomonedas aparecen en esa conversación. Cada alternativa tiene sus riesgos y ninguna garantiza acompañar la inflación en cualquier plazo. La posibilidad de que una moneda pierda valor exige evaluar esas opciones con cuidado, porque también se puede perder al elegir dónde invertir.
Lo políticamente relevante es que nuestra confianza en el dólar nació de la desconfianza en el peso. Esa experiencia sigue pesando, pero el mundo cambia y las decisiones de Washington también afectan los ahorros guardados en una cómoda argentina.
El dólar puede seguir siendo un refugio. Lo que merece discusión es cuánto cuesta permanecer indefinidamente adentro. Porque conservar los mismos billetes durante años puede darnos tranquilidad mientras, silenciosamente, nos permite comprar cada vez menos.
Fuente: Cadena 3