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20 de julio de 2020

"El mercado interno respondió, pese a la crisis"

Juan Eiras destacó que el consumo de carne se sostuvo durante la pandemia y enfatizó la respuesta de los feedloteros.

Sábado 18 de Julio de 2020

La Cámara Argentina de Feedlot (CAF) concretó un ciclo de encuentros virtuales dirigido a cuatro regiones del país, con disertaciones técnicas sobre nutrición, sanidad y manejo. También se abordó el panorama actual del sector, que según el presidente de la entidad, Juan Eiras, “se va desenvolviendo con bastante normalidad”, aunque se mantiene “amesetado”.

En diálogo con La Capital, el dirigente especialista en nutrición comentó los alcances de esas jornadas virtuales y cómo el rubro viene transitando la cuarentena tanto a nivel de mercado interno, externo, precios y consumo, entre otros aspectos sujetos a la incertidumbre del momento, que obliga a los productores a manejarse con cautela.

—¿Cuáles han sido los objetivos de estos encuentros feedloteros virtuales en distintas regiones del país?

—Debido a la pandemia hemos tenido que reformular los encuentros que solían ser jornadas físicas, y transformarlos en virtuales, para lo cual también hubo que modificar la temática. Organizamos cuatro jornadas para el NOA, Córdoba, Litoral y Buenos y la respuesta a nuestra convocatoria ha sido muy buena, con cientos de participantes, con las devoluciones y comentarios muy buenos. Los temas han sido de orden técnico y los encuentros tienen un hilo conductor que es la tercera charla a cargo de Ignacio Berengúa, que habla sobre el desarrollo de recursos humanos, con coaching emocional tanto al empresario como a los equipos de trabajo. Después hemos tenido figuras como Emmanuel Reynoso, Víctor Tonelli, Darío Colombatto, Juan Alberto Testa, Federico Santángelo, Pedro Rodríguez y el economista Claurio Zuchovicki para hablar sobre la realidad y también un poco a futuro, porque no nos podemos ajustar solamente al momento de la pandemia. Y por supuesto se abordó la sanidad, nutrición, manejo y un poco de definición de las situaciones actuales y futuras.

—Hablando precisamente del panorama del sector, ¿cómo está funcionando el mercado interno en este contexto de cuarentena por Covid-19?

—Llamativamente el mercado interno ha respondido muy bien, pese a esta crisis económica puntual y a que ciertos sectores como autónomos y monotributistas no pueden acceder a un salario pleno. Esto se da sin duda de la mano del encierro, porque evidentemente se cocinó más en casa. El consumo se fortaleció y hemos cerrado el último mes con 53 kilos por habitante por año, siendo que veníamos con un piso por allá por enero y febrero de 49 kilos. Y los feedloteros por nuestra parte hemos podido responder a la demanda que surgió, porque es una época puntual donde estamos en plena actividad.

—¿Cómo se comportó el consumo y los precios locales?

—Hubo una fuerte suba en el arranque de la cuarentena, a fines de marzo y abril, y ello tuvo que ver con el temor de la gente a algún tipo de desabastecimiento. Por ese mismo motivo esperábamos que ese consumo después disminuyera, pero sin embargo se mantuvo sostenido. Dejando de lado los cortes parrilleros como matambre, vacío y asado y una parte importante del bife de chorizo típico de restaurantes y hoteles, el resto de los cortes está muy fuertemente demandado, como el churrasco y la milanesa. Hubo mucho horno sin duda en muchos hogares y eso mantuvo una firmeza importante en la demanda. Los precios, como todo, no son los mejores pero tampoco descendieron como le pasó a otros rubros.

—¿Cómo viene evolucionando la exportación a la fecha?

—Tenemos la pata de la exportación qué quedó muy dañada y está retomando su actividad en este último mes entre junio y julio. Eso nos ayuda y nos alienta a los que producimos.

—¿En qué porcentaje aumentó la demanda interna y cuánto cayó la externa en el sector feedlotero en lo que va de la cuarentena?

—La interna aumentó básicamente un 15% y se vio cubierta con una baja parecida de la exportación. El fenómeno principal que sucedió en el corral en estos últimos meses es que aquel novillo que estaba con destino a exportación, o pensado para ser exportado a Europa si fuera el caso, se terminó faenando con 30 ó 40 kilos menos y fue un novillito especial al supermercadismo. Hubo una transferencia, con baja de precio en esa categoría, pero pudimos descargar ese novillo que para exportar en las grandes cadenas de supermercados, que a su vez vieron fortalecida su venta. Eso sucede aún hasta el día de hoy.

—¿Cómo afectó este fenómeno a la rentabilidad del sector?

—La rentabilidad se vio afectada con la baja del precio, porque en números redondos perdimos entre $ 10 y $1 2 por kilo de novillo. Eso, en un novillo de más de 400 kilos, es mucha plata. Entonces en el animal pesado es donde se vio más resentida la rentabilidad, aunque logramos alguna colocación. En la vaquillona y novillito liviano de 300 a 350 kilos hubo demanda y los precios se mantuvieron sostenidos, con lo cual ahí no hubo afectación de precios en esas categorías.

—¿La suba del precio de las materias primas podría impactar en el precio de góndola?

—Nosotros no somos formadores de precios para poder impactar derecho en la góndola. El proceso es más indirecto, pero tenemos todo el complejo ligado al maíz y a sus subproductos que han venido subiendo paulatinamente los últimos dos meses. Sólo entre el 15 de junio y el 15 de julio aumentó 8%. De todas maneras la alimentación no está en una zona roja para nosotros en cuanto al costo. El problema más grande es el costo de reposición, o sea ese ternero de invernada que es nuestra materia prima original. Ese sí se ha disparado por infinitas razones. Muchos argumentan la tendencia a proteger los pesos, aumentar la tenencia en vacas por la baja relación con el dólar. Y realmente asusta el valor que han tomado algunos lotes de invernada: para tener una idea, estamos hablando de un novillo gordo de $ 100 y un novillito gordo de $ 110, en el flaco hablamos de $ 115 y en una ternera hasta $ 145. Es cierto que seguramente salen con plazos más largos, pero hay un fenómeno que no responde al negocio en sí: es una decisión de productores de estoquearse en hacienda como modo de protegerse de la inestabilidad económica y de esta situación que se está atravesando.

 

—¿Cómo vislumbra el futuro del sector en el corto y mediano plazo?

—Si junto las partes, ahora sí tendría que pensar el precio en la góndola o el mostrador, que no tendría que por qué descender. No está claro para el trimestre que viene qué grado de ajuste tendrá. La carne se ha visto que no ajusta por inflación, o sea, tiene precios que se aletargan y por ahí se producen ajustes más abruptos, pero no se ve de todas maneras un ajuste para el trimestre de julio, agosto y septiembre. Y sí se ve una situación complicada para nosotros, porque ingresando con esos costos de compra de ternero, la ecuación da en rojo, por lo que esperamos una mejora en el precio en los próximos 90 días. Por su parte, el mercado externo se va a seguir recomponiendo, pero no es el factor principal.

—En todo este contexto, ¿que potencialidades y qué limitaciones, si es que las hay, observa para el rubro?

—El rubro se ha amesetado. Estamos en un 67% de ocupación, no ha bajado, pero nos pasa esto de no saber qué hacer con el dinero de la cobranza de la venta de la semana anterior. Entonces hay una inercia que se mantiene, pero que está muy ligada a la falta de alternativas de inversión, con lo cual diría que la proyección no es para esperar grandes subas ni grandes bajas. O sea que el resto va a depender de cómo siga la economía de la gente una vez que se liberen las cuarentenas y cuando aparte de comida, tenga que pagar otras cosas. Entonces ahí hay un alerta, pero no habrá una sobreoferta de parte nuestra tampoco.

—Volviendo a los temas que se abordaron en los recientes encuentros feedloteros, ¿qué novedades hay en cuanto a sus dos ejes centrales: ¿cría, recría y nutrición?

—La cría y la recría sin dudas es un eslabón que tiene mucho potencial y mucho por hacer. Lo que se trató es que hay un recorrido productivo y técnico, pero ante estas situaciones de incertidumbre, aumentar kilos en forma más económica en sistemas más combinados con lo pastoril nos lleva a diferir en el momento de venta. Son ciclos de engorde más largos, que por ahí nos pueden dar otros escenarios, así que esto es un poco lo que se trató siempre con la aplicación de tecnología más eficiente, el agregado de granos y subproductos y de sistemas mixtos de pastoreo y ración, que vayan haciendo justamente recriarse a un ritmo más moderado, para luego en algún momento terminar en un corral. Esa es una estrategia que se planteó como una buena alternativa y creemos que para ello se necesita la extensión de campo correspondiente. Desde lo nutricional no hay mayores sorpresas. Es un año donde los valores tienden a ser razonables, se está con un pronóstico de cosecha de maíz muy alto, con lo cual tendríamos que pensar que, de no mediar una devaluación muy fuerte del dólar oficial, los insumos tendrían que llevar algún índice inflacionario pero no mucho más que eso. Y en eso hicimos hincapié muy fuertemente en los desperdicios, en las mermas y en los grados de utilización. Tenemos muchos colegas que dejan gran parte de sus granos y de su ración de alimento balanceado volcado por mal manejo de cargadoras, de los mixers, de la consolidación de las calles para volcar dentro de los comederos. Hicimos mucho hincapié en estos días en retomar el camino de la eficiencia, que representa mucho peso en un sistema intensivo.

—Finalmente, ¿cómo ve usted el ánimo del productor en estos momentos?

—Muy cauto, muy invadido de incertidumbre en todos los aspectos, desde el propio de la pandemia, desde la evolución del país en la macro en términos de renegociación de deuda. Muy inseguro respecto del futuro más inmediato de cada uno. Hay una sensación de parálisis en el sentido de que es como que todos estamos mirando. No es bueno ni malo lo que se ve, pero es difícil percibirlo en el mediano plazo y eso genera incertidumbre, que creo que es la palabra que reina en todos estos últimos meses y no sólo en nuestra actividad.

 

fuente: la capital

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