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17 de mayo de 2020

Pandemia, burbuja y política

Claves. La liberación de hecho de la cuarentena puede provocar un temible efecto boomerang. El fin del apoyo incondicional para los gobernantes y el desafío para la clase dirigente. Escenas de impunidad judicial.

00:00 hs - Domingo 17 de Mayo de 2020

Se va terminando la época del apoyo incondicional a los gobernantes. Esa etapa en la que todos subían como despedidos por un tubo de aire en las encuestas. Cuando la pandemia era el enemigo en la guerra, y los generales resultaban aupados por la sociedad.

   La vocinglería del panelismo periodístico, la cobertura de los grandes medios va haciendo ceder espacio a lo grave por sobre lo importante, en un juego peligroso si es que en algún momento se da vuelta la taba y todos los centros urbanos pasan a ser un reservorio de Covid-19 como en la ciudad de Buenos Aires.

   La cuarentena se ha liberalizado. Salvo con los grupos de riesgo, no sale el que no quiere. Los gobernadores e intendentes que van surfeando la ola sin demasiadas complicaciones —por caso la provincia de Santa Fe y la ciudad de Rosario— no deberían dormirse en los laureles.

A tontas y a locas

Si la cuarentena es la que impidió más casos, no hay que dejarla a tontas y a locas. Lo dice el consultor Carlos Fara: “Mucha gente se sentirá desubicada, perdida, en el nuevo esquema de relaciones sociales, ya que muchos proyectos de vida quebrarán, lo cual abrirá espacios para la aparición de nuevos proyectos políticos que representen otras identidades. Mucha gente perderá su status y su círculo social imprevistamente, por el sólo hecho de ser expulsado del mercado laboral, y esto trae actitudes negativas y de resentimiento”.

 

   Las grandes ciudades vuelven a la normalidad, pero también con sus peores muescas. En Rosario ha retornado la inseguridad, aunque muchos podrán decir que nunca se fue. Este adormecimiento general que significó la cuarentena a rajatabla para todo lo que no fuera coronavirus debe volver a la otra realidad al área de Seguridad. En las últimas horas han crecido robos, intentos de entradera y han vuelto los homicidios a ganar los primeros planos.

   La pandemia se irá, pero regresará con más brío que nunca el delito, ahora más incentivado por la pésima realidad económica. Observará y escuchará el lector como, poco a poco, la seguridad volverá a ganar la agenda pública de la provincia. Por lo pronto, Juntos por el Cambio le pidió al gobernador Omar Perotti la renuncia de Saín, algo que le Frente Progresista aún no hizo.

Buena autocrítica de Sarnaglia

El jefe de la policía santafesina, Víctor Sarnaglia, sí tuvo los pies sobre la tierra y admitió los problemas que están y los que vendrán. “No estoy satisfecho con los resultados en Seguridad”, dijo, en un excelente ejercicio de autocrítica. Esos reclamos santafesinos en el área más conflictiva, y que le hizo perder las elecciones al Frente Progresista, se extenderán cada vez más a otros rubros. Pero, así como crecerá la mala vibra, los gobernantes que hagan bien las cosas tendrán su recompensa.

   Poco a poco el calendario irá corriendo a la par de las necesidades políticas. Hoy está de moda que los políticos digan que para las elecciones de 2021 “falta una eternidad”. Ninguna eternidad. Falta menos de un año —bastante menos— para que se ponga en marcha la cuenta regresiva. Y sin 2021 no hay 2123 para nadie.

   Tuvo razón el periodista Walter Schmidt cuando escribió esta semana que son los peores días para Alberto Fernández y los mejores para Cristina Kirchner. Mientras el presidente debe lidiar con los monstruos de la pandemia y la economía, la ex presidenta observa cómo la Justicia, de a poco, le va liberando y ocultando los barrotes que parecían perseguirla.

   La Oficina Anticorrupción (cuyo titular es una especie de Laura Alonso conjetural, con pantalones de hombre) desistió de denunciar a los Kirchner en episodios de corrupción, casi en paralelo a la decisión kirchnerista de no avanzar con el juicio político al juez Rodolfo Canicoba Corral, acusado por coimero, y de cobrar sueldos y sobresueldos. La Argentina de casi siempre.

   Esas cuestiones casi siempre se definen en momentos en que la mayoría de la gente está pensando en otra cosa. El peronismo liberó al entonces juez Norberto Oyarbide del juicio político el 11 de septiembre de 2001. El mismo día del atentado contra las Torres Gemelas. Se lo acusaba de haber dejado sin efecto el expediente por enriquecimiento ilícito contra los Kirchner. A veces hay que volver a Boss (la mejor serie política de la historia) para reinterpretar algunos episodios.

Rostros del pasado

La crisis sanitaria permite que aparezcan dando cátedra personajes como María Eugenia Vidal y Alfonso Prat Gay, con cuota-parte de responsabilidad en el fracaso del gobierno de Mauricio Macri. Sólo falta que alguien tenga el arrojo de pedirle consejos a Nicolás Dujovne para evitar que el dólar siga trepando hasta las nubes. Por ese vector, si logra salir bien parado de la crisis sanitaria, es Horacio Rodríguez Larreta el que tiene potencialidad.

   Así funciona la política argentina. ¿Alguien se habría atrevido a suponer en diciembre de 2015 que, casi cuatro años después, la vituperada presidenta saliente iba a presidir una sesión del Senado a sus anchas, casi en soledad, como un personaje victoriano sin barbijo, mientras el resto de los legisladores miraba desde su domicilio?

   Pero, como cantaba Luca Prodan: “Esta sí que es Argentina”. Y no hay con qué darle.

 

fuente: la capital

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