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PANDEMIA

17 de abril de 2020

Fernández tendrá que recibirse de equilibrista

El control de la pandemia del coronavirus y el estado de la economía marcarán el futuro del presidente

Jueves 16 de Abril de 2020

Para Alberto Fernández el control de la pandemia del coronavirus en Argentina es su principal capital. Lo es y lo será. Al margen de la dualidad irresponsable que algunos quieren polarizar entre economía y salud, el jefe del Estado deberá columpiarse entre esos dos aspectos.

Por razones que tienen que ver con aplicar las medidas correctas en el momento correcto, hoy el país no tiene un escenario más trágico, aunque el día a día no deja lugar a arriesgar pronósticos. Esto recién empieza.

Hay dos teorías que fluctúan en el análisis político que se hace en paralelo a las guerras, a las catástrofes. Una de ellas resignifica el valor del Estado (al fin de los gobiernos) cuando se trata de reconstruir, de estar al lado de los sufrientes, de poner en su lugar lo que se había caído. El que otorga la ayuda, el subsidio, la reparación es el gobernante de turno. No es casual que quienes gobiernan hayan trepado en imagen.

La no comprensión de esa realidad llevó en su momento a Hermes Binner a equivocar el diagnóstico cuando dijo que los habitantes de la ciudad de Santa Fe padecían el Síndrome de Estocolmo por votar al peronismo pese a las inundaciones gravísimas en la capital, inmediatamente después de los desbordes pluviales. Hay muchos ejemplos al respecto.

Pero hay otra teoría, también ejemplificada con hechos, que sostiene que el ganador de las guerras es el perdedor de las elecciones posteriores. Se citan los ejemplos de Winston Churchill y George Bush. ¿Por qué?, se preguntará el lector. Después de las guerras vienen las economías de guerra. Y los apoyos iniciales por la centralidad frente a la pandemia o la guerra clásica deriva en graves cuestiones de bolsillo. Esto también da una idea de integración de las dos teorías: lo que sube, después baja.

Aun así, lo peor que puede hacer Fernández es salir a tontas y a locas de la cuarentena, rompiendo lo que ha logrado la sociedad y el gobierno a la hora de tomar medidas de aislamiento. Dígase de una vez más: gracias a las cuarentenas, hoy Argentina no vive una situación similar a otros Estados, por ejemplo Brasil. Sí debe avanzar en cuestiones vinculadas a la economía social, lograr que el que tiene pague y que el que quedó en posición de carencia de fondos sea ayudado para poder pagar.

La única salida económica que pueda costear sufrimientos menos graves es la suspensión temporal del pago de la deuda para los países más pobres. Eso permitiría a las naciones más vulnerables concentrar sus esfuerzos en la lucha contra el coronavirus. Y le daría algo de aire a la Casa Rosada, mientras hace su ofrecimiento para el pago de la deuda.

Por eso se repite: así como lo peor en materia de coronavirus no ha llegado al país, tampoco se produjo el momento de crisis más intensa. El problema de Argentina que entró a la pandemia con una economía con pocas defensas, con el organismo debilitado. Hay recesión, inflación, desempleo, riesgo país por las nubes, dólar en alza. Si se consagra el default, “el vivir con lo nuestro” arrimará una nueva pesadilla.

Salud, dinero y amor es la trilogía que canta Andrés Calamaro. El problema de la salud y el dinero van de la mano en este momento, pero no representan un oxímoron. El principal valor a considerar por Fernández debe ser la prudencia, aunque las presiones de los grupos de poder sean cada vez más inocultables. Se lo dijeron los gobernadores de las provincias más importantes, entre ellos Omar Perotti: la cuarentena ser administrada, pero no hay que tirar por la borda lo conseguido.

Las próximas semanas serán claves para todos, los gobernantes y los gobernados. Todos los sectores esperan respuestas.

 

fuente: la capital

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