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OPINIÓN

12 de abril de 2020

La primavera de Fernández

Claves. Ni la sociedad civil ni la clase política serán los mismos tras la pandemia. Las señales del presidente a los gobernadores

00:00 hs - Domingo 12 de Abril de 2020

Nadie saldrá siendo el mismo cuando la pandemia de coronavirus permita volver a la vida normal. Para la política, tampoco. Se asiste a un verdadero parteaguas de la historia. El Cisne Negro ya presentó sus credenciales.

Alberto Fernández encontró en la emergencia "las tiras" de comandante que la teoría del doble comando, su propia personalidad y la ausencia de una base de sustentación política propia parecían haberle negado. Está aprovechando el momento que el tren de la historia le ofreció.

Sabe por experiencia propia el presidente (siempre detrás de los primeros planos, jefe de campaña de otros, operador en las sombras, confidente de los analistas políticos de los domingos) que el tren pasa una sola vez. Y se subió al vagón principal.

Lucen fuera de sintonía los que a esta altura de las circunstancias se niegan a cambiar paradigmas de momentos anteriores. El lector lo recuerda. Decían desde determinadas usinas mediáticas que Cristina lo obligaría a una pelea crucial, que habría un doble comando, que las decisiones importantes las debería reportar a la ex presidenta.

Se comentaba por esos andariveles cerrilmente anti peronistas (más que anti kirchneristas) que Fernández sería, apenas, el brazo ejecutor. "Albertítere", comenzaron a chicanearlo en algunos pasillos del poder empresario. Fernández no optó por hacer lo que les aconsejaban los que se pintaban para la guerra. No tendría con qué declararle la guerra a Cristina. Hasta que se demuestre lo contrario, los votos son de Cristina.

Y viene aquí la novedad: si el jefe del Estado mantiene el sentido común, prevalece en su intento de privilegiar la salud de los argentinos y sigue con una tonalidad acertadísima para la media de la audiencia, tal vez, esos votos que no eran de él puedan ser captados por él.

El riesgo mayúsculo que tiene el presidente es intentar hacer una de más, salir a la cancha casi sin red, pretender demostrar que sin coucheo, ni marketing excesivo y sin un Jaime Durán Barba conjetural él puede galvanizarlos haciendo de todo un poco. Como esos porteños cancheros que creen sabérselas todas.

En la conferencia del Viernes Santo, el mandatario tuvo buenas, regulares y malas. Sabe cómo se comunica, conoce que el pueblo argentino está angustiado y apela a un tono mesurado, poniendo siempre hasta una sonrisa demás. Pero también necesita mayores cuidados el presidente: esos gráficos ("filminas", los llamó) parecían escenografías para alumnos de primaria, por momentos se desconcentró y se dedicó plena y estratégicamente a hacer de su pieza oratoria una clase de las que lleva adelante en la Facultad de Derecho.

¿Está mal? No. ¿Salió bien parado? Claro, salió bien parado.

Se escriben aquí algunos asteriscos para que quede lugar al análisis intelectualmente honesto. A Fernández, chupamedias le sobran. Son los que, el viernes, le decían "maestro".

Fernández hizo una jugada que no muchos vieron: involucró políticamente a los gobernadores en las decisiones. Se enteró el presidente que algunos mandatarios se reunían con empresarios y compartían (sin grabadores cerca) algunas críticas por no "abrir más el juego a la economía". Son esos que hablan de dicotomía o principios contradictorios a la hora de privilegiar la salud o la economía.

A los que hacen esas distinciones carentes de espesor, bien valdría recordarles una cita que entona Joan Manuel Serrat: "No esperes que un hombre muera para saber que todo corre peligro, ni a que te cuenten los libros lo que están tramando afuera". A nadie le gusta quedarse más de un mes puertas adentro de su casa, pero a todos (o casi) les gusta tener un presidente que lleve adelante la comandancia en una época de crisis sanitaria.

Nadie sabe cómo seguirá y, mucho menos, cómo terminará la historia. Lo que el presidente intentó decirles el viernes a los argentinos es que el saldo de la historia depende más de los gobernados que de los gobernantes. Aunque el presidente se meta innecesariamente en laberintos, como cuando quiso explicar cómo sería la excepción con los runners. Los runners deberán esperar, tal vez más que otros.

Fernández les dijo a los gobernadores e intendentes que tomen conciencia práctica de la realidad. Si quieren más excepciones, redacten y craneen los protocolos. En Santa Fe, el gobernador Omar Perotti es de los más celosos a la hora de mantener la cuarentena. El rafaelino no quiere tirar por la borda en un par de días lo que se consiguió en la provincia, que no es poco. Perotti ha logrado el milagro de hacer callar a su ministro de Seguridad, Marcelo Saín, y ponerlo a producir controles estrictos. Las fuerzas de seguridad han llevado adelante más de diez mil detenciones. Es por ahí.

Megáfono en mano, el intendente de Rosario Pablo Javkin, también se puso al frente de los operativos. Va, viene, habla, aunque manda algún audio que genera polémica entre los propios o los que deberían ser propios.

Se celebra desde esta columna que la política esté a la altura, y que los escandalosos sobreprecios que se sucedieron a nivel nacional a la hora de adquirir bienes de primera necesidad hayan sido una excepción.

Lo peor que le podría pasar a la política es que los políticos no estén a la altura, que la crisis sanitaria se desmadre y haya que darle la razón a Bolsonaro, un personaje que debería ser parte de historias de caricaturistas y no el presidente de un país tan estratégico e influyente como es Brasil.

Al fin, como decía César Luis Menotti en la previa al Mundial 78: "Para poder entrar, hay que saber salir". De cómo salir de la cuarentena habrá que pensar todos los días, pero lo importante por ahora es mantenerse dentro de ella de la mejor forma posible.

O como les dice el gobernador Perotti a los intendentes santafesinos: "Esto es como la pasta dentífrica, cuando la sacás del envase no la podés volver a meter".

 

fuente: la capital

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