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OPINIÓN

8 de diciembre de 2019

Macri, historia de un fracaso

Claves. Las razones del adiós al poder de Cambiemos se explican por los desaciertos económicos y la falta de empatía, fundamentalmente, con las clases medias. Una oportunidad perdida por mala praxis.

Mauricio Macri tenía todo para quedar en la historia. No hizo casi nada.

Desde su asunción hasta hoy pasaron cuatro años, que parecieron una eternidad. Juntos por el Cambio (en realidad, Cambiemos) se va del poder el próximo 10 de diciembre con todos los índices en estado crítico. Y no se hace este análisis desde el otro punto de la grieta, sino desde el sentido común. Por su alguno cree otra cosa.

Macri tuvo todo para pasar a retiro efectivo al kirchnerismo, y al peronismo en todas sus variantes. No sólo que no lo hizo, sino que acicateó su regreso, potenció a Cristina Kirchner y la reivindicó hasta el punto de que, con 13 procesamientos y dos pedidos de prisión preventiva, les dijo a sus juzgadores que la historia la absolverá.

Cambiemos fue elegido en diciembre de 2015 para terminar con el kirchnerismo. El kirchnerismo hoy está vivito y coleando. Ese es el ejemplo más pulimentado del fracaso macrista. Al margen de interpretaciones, millones de palabras y ríos de tinta.

Cristina, esa obsesión

Una tarde de diciembre de 2018, Marcos Peña le dijo a LaCapital en su despacho del primer piso de Casa Rosada. "Mi suegra es kirchnerista, y siempre me dice que va a votar a un kirchnerista, sea Cristina la candidata o no. Y con los que respaldan a Cambiemos pasa lo mismo: siempre van a votar a Macri. Es erróneo pensar que se trata sólo de núcleos duros", diagnosticó. De ese modo, el cuestionado jefe de Gabinete justificaba haber puesto todo el aparato del Estado y las energías en la ex presidenta.

   

 

Peña creía, como buena parte del establishment político, que a Cristina le podían ganar. Que tenerla enfrente era un señuelo de Dios, o de vaya a saber quién. Y Cristina les ganó con el gambito de llevar a Alberto Fernández en la punta de la boleta.

Para que el "mejor equipo de los últimos 50 años" haya fracasado, pasaron cosas: inflación, pobreza, caída del empleo, baja del consumo, descenso de la economía. El de Macri se convirtió, según todos los registros, sondeos y expresiones colectivas, en el peor gobierno desde 1983. El de Fernando De a Rúa tuvo problemas de contexto que el de Macri no. Tema para otra columna.

El "no hizo casi nada" en vez del "no hizo nada", a secas, de la cabeza de la columna refiere a que se trata del único gobierno no peronista desde 1983 que habrá cumplido su mandato. Esto tiene que ver más con la paciencia infinita y el sentido de la responsabilidad de la clase media y baja que con las cualidades del gobierno. Pero cumplió con algo importante.

Lo admitió con todas las letras, en un sincericidio increíble, el peor ministro de Economía que tuvo el país desde la posdictadura, Nicolás Dujovne: "En la Argentina nunca se pudo hacer un ajuste de la magnitud actual sin que caiga el gobierno". Un improperio, como casi todas las cosas que hizo y dijo el ex columnista televisivo.

Puede decirse que Macri sacó barata su performance en el gobierno, al menos en términos electorales. Su 40 por ciento de voto tiene más que ver con el rechazo al peronismo que con su performance presidencial. Pese a ese porcentaje, Macri no podrá volver a ser presidente jamás si no produce un giro amplísimo en su manera de hacer política. Aunque, en Argentina, nunca digas nunca.

Lo mejor del gobierno de Cambiemos, comparado con el de Cristina, fue cierto respeto por las libertades públicas y, durante los primeros dos años, el acceso a niveles de interlocución alto. Los dos últimos años ese escenario de amplitud fue mermando, y sólo quedaron en cancha los amigos del poder. Para el gobierno, en términos de utilidad fue menos que cero.

Macri tuvo un buen ministro del Interior. Rogelio Frigerio fue lo mejor, por lejos, del gabinete. Curiosamente, desde otro sectores oficiales se dedicaron a criticar a Frigerio en vez de respaldar su labor. Específicamente, Elisa Carrió quien consumió de la peor manera su paso por la política. La alguna vez indómita Carrió se transformó en un esperpento de su propia figura, una caricatura de lo que alguna vez fue. La intolerancia pudo más que el talento que alguna vez tuvo.

Macri fue una oportunidad perdida para el país. Su fracaso vuelve todo a fojas cero. Rosario puede dar fe de esto, El Monumento Nacional a la Bandera, su emblema, no pudo terminar de ser refaccionado en toda la gestión. Un ejemplo icónico del fracaso.

Cambiemos fue una muy buena idea, muy mal instrumentada. En vez de ampliarse a dirigentes territoriales del interior, el núcleo oficial nunca pasó de una mesa blindada. Quienes reclamaron una apertura política fueron barridos de la toma de decisiones, hasta tal punto que hoy Emilio Monzó lanza diatribas de fin de ciclo como si fuese un opositor.

Ese centralismo ciego le impido al oficialismo hacer lo que tenía que hacer: adelantar las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Peña le bloqueó a Vidal disfrutar de un probable triunfo y quedar como la influencer de una victoria posterior de Juntos por el Cambio. Se quedaron sin nada.

Macri tuvo dos errores iniciales, mordiscones iniciales a la manzana envenenada: prometer en campaña que ningún trabajador pagará Ganancias y pedir ser evaluado por los índices de pobreza. El final es conocido por todos.

Se termina el gobierno de Macri. Una promesa incumplida, un suicidio político, una oportunidad perdida por mala praxis. Así fue.

 

La Capital

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