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18 de septiembre de 2023

Santa Fe: los salones de fiestas, en una rueda que marcha pero se "traba" por la inflación

Algunos congelan el precio de un evento pactado, y terminan corriendo detrás de la espiral inflacionaria. Otros deben hacer actualizaciones mensuales. Si bien están trabajando, admiten que la rentabilidad es "ínfima". Y que, después de dos años sin poder trabajar por el Covid-19, las presiones impositivas son cada vez mayores.

El rubro salones de fiestas y eventos fue uno de los más golpeados durante la pandemia. Es que no pudieron abrir hasta octubre de 2021, con lo cual se reactivaron recién en 2022. Y si bien recibieron subsidios estatales para poder sostenerse en lo peor del Covid-19, ahora que están trabajando -en casamientos, cumpleaños de 15 y eventos corporativos, principalmente-, la rueda que había empezado a rodar hoy encuentra varios escollos: la devaluación del peso post PASO nacionales, la escalada inflacionaria y las presiones fiscales.

Si bien referentes del sector consultados admitieron que están trabajando relativamente bien -dado el contexto macroeconómico actual-, aseguran que la rentabilidad es "ínfima" y alcanza apenas para seguir haciendo rodar esa rueda. Algunos pactan con un cliente -por una fiesta para dentro de cuatro meses, por ejemplo-, y "congelan" el precio. Claro: en ese plazo, por la inflación, los costos serán mucho más elevados. Otros deben realizar actualizaciones mensuales en el valor de un evento pactado, sobre la base del índice inflacionario informado por Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec.

Las cargas impositivas -las tasas municipales, los impuestos provinciales como Ingresos Brutos, etcétera- cada vez son más "distorsivas y pesadas", coinciden desde el rubro. "Es como si el Estado se hubiese olvidado de que estuvimos dos años sin poder trabajar. En el 2020, con lo peor de la pandemia, debí vender mi auto y el de mi esposa para poder seguir pagándoles los sueldos a los empleados, además de recurrir a mis ahorros", dice a El Litoral el dueño de un salón de eventos de la ciudad.

Entre el vaso medio vacío y el vaso medio lleno, lo bueno es que esa rueda, como se dijo, sigue rodando. Es que la gente no pierde el hábito de querer celebrar: aunque le cueste al bolsillo, si la hija cumple quince años, fiesta tiene que haber. Lo mismo para un casamiento. Es un elemento muy cultural del argentino promedio. Esto lleva a que haya trabajo en el sector; pero lo malo, como se dijo, es que las ganancias que quedan son mínimas, por todos los factores antes mencionados.

"Bien de lujo" que se recorta

"Con los clientes que pactamos un evento, éstos ya han pagado un 50% de las tarjetas y ese valor se congela. Lo que hacemos nosotros es actualizar al índice inflacionario mensualmente (sobre el porcentaje restante). Pero claro, con la devaluación del 23% (post PASO nacionales) y un último índice mensual inflacionario de dos dígitos (12,4% para agosto), siempre quedamos atrasados", le dijo a El Litoral Gonzalo Mosqueira, titular del salón de eventos Ríos De Gula.

Para el referente, un casamiento, un cumpleaños de quince o un evento corporativo son algo así como "bienes de lujo". "¿Qué quiero decir? Estás celebrando un acontecimiento importante en la vida de alguien; pero lamentablemente hay mucha gente que tiene que recordar, no le queda otra: deja de salir a comer, de festejar, de hacer un viajecito en familia. La prioridad es la canasta de alimentos, la salud y la educación. Eso no se toca. Y eso, ese recorte, impacta en nuestro rubro", es la mirada de Mosqueira.

"Renta ínfima"

"Fuimos el rubro más perjudicado por la pandemia. Estuvimos absolutamente cerrados, sin poder trabajar. Hubo una ayuda del gobierno de la provincia, que era un paliativo para poder pagar algún que otro gasto, más los empleados. Recién a fines de 2021 pudimos volver a abrir las puertas. Y apenas ocurrió eso, la AFIP nos salió a intimar, a cobrar intereses, sabiendo que hacía dos años que no estábamos trabajando", da un contexto de situación Alejandro Caveggia, concesionario de Salones del Puerto.

Las fiestas y eventos se venden con una antelación de un año o año y medio antes de realizarse. A quienes habían pactado y pagado un evento durante 2020 y 2021, recién lo pudieron hacer el año pasado. "Hicimos 60 fiestas que tenían esa retroactividad en el tiempo, debido justamente a la pandemia. Entonces, debimos ocupar la mitad de las fechas disponibles en 'devolverles' en 2022 las fiestas a todos esos clientes que estaban esperando, y que confiaron en nosotros. Y además, las realizamos sin cobrarles ningún tipo de actualización por inflación", asegura Caveggia.

Y luego, se vendieron las fiestas para este 2023, "pero prácticamente a valores de 2022. Porque necesitábamos que nos ingrese el dinero, pues entendemos que la rueda del rubro tiene que seguir marchando. Hoy, gracias a Dios estamos trabajando bien en cuanto a caudal de ventas, pero nos encontramos totalmente atrasados con respecto a los valores que se manejan en el mercado", agrega el referente.

Pese a que se trabaja, "la rentabilidad es mínima, ínfima". Esa es la realidad que vivimos hoy. Alguien podrá pensar: 'Pero hacés beneficencia?'. Bueno, mi respuesta es que no, que hace treinta años que me dedico a esto, y que no voy a cerrar mi actividad. Entonces, lo que estamos haciendo es esperar que la situación macro del país,inflacionaria y devaluatoria se acomode, para empezar a tener un poquito más de margen de rentabilidad", describió Caveggia.

Derrame por cascada

En Salones del Puerto, por fin de semana hay no menos de 70 personas trabajando: mozos, cocineros, técnicos en sonido e iluminación, personal de limpieza y mantenimiento, etcétera. "Este lugar abierto genera empleo, y un gran volumen de ingresos que derraman en forma de cascada a diferentes actividades. Entonces, no podemos sufrir tanta presión impositiva. El único que no se da cuenta de que estamos laburando y generando ingresos a familias, es el fisco", fustigó el referente.

Lo positivo es que la gente sigue haciendo fiestas, y que las empresas realizan eventos corporativos. "La actividad se sostiene porque hay buenas ventas; pero es mínima nuestra rentabilidad", insistió. Los agravantes, claro: la inflación y en un peso devaluado. "Además, para un cliente que quiere contratar el salón para un evento para el año que viene, firma el contrato y ese precio pactado queda congelado. Es vivir siempre con el riesgo de quedar desfasados, de perder".

Cambios de hábitos

Joaquín Echagüe, referente de los salones Club Marinas, La Rural y de Hotel de Campo de Colón, dio un panorama similar. "En nuestro caso, al cliente que se le vende una tarjeta con el precio de hoy, es avisado que se le irá actualizando mes a mes el costo en función del índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec. Pero siempre la rentabilidad tiende a bajar", explicó en diálogo con El Litoral.

Lo que hoy se nota en el rubro es que hay un cambio importante del lado del cliente, indicó Echagüe. "Tradicionalmente los eventos eran de 200 personas. Hoy son de 160, 170 invitados. Hay un 20% de reducción en la cantidad de tarjetas por evento", explicó. Es que el cliente también achica gastos. Una tarjeta cuesta hoy entre 25 y 30 mil pesos, en su caso, estimó.

A un futuro inmediato, el referente pronosticó que el rubro va a seguir trabajando, que las rentabilidades van a ser mucho menores a las esperadas, pero se va a trabajar: "Porque además el cliente hoy lo que hace es pasar parte del costo a los invitados; todo el mundo hoy cobra tarjetas, sobre todo en los eventos sociales, como casamientos o cumpleaños de 15. Algo que no pasaba; antes, vos hacías un regalo equivalente a la tarjeta, y hoy el regalo es la tarjeta", concluyó.

Fuente:El Litoral

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