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OPINIÓN

28 de junio de 2023

Cristina Kirchner, incapaz de bendecir la candidatura de Massa

El flamante postulante presidencial de Unión por la Patria chocó con uno de los primeros escollos en su campaña y la vicepresidenta se mostró desesperada por demostrar que nadie le torció el brazo.

Si hay algo que a Cristina Kirchner siempre le ha costado mucho es disimular sus sentimientos. Le resulta difícil fingir lo que no siente. Y ayer, en su primer acto público junto a Sergio Massa tras la inscripción del actual ministro de Economía como candidato presidencial de Unión por la Patria (UP), la vicepresidenta de la Nación no pudo ocultar su sinsabor por el devenir de una coalición oficialista en la que, claramente, perdió el rol de gran electora que ocupaba.

Cristina Kirchner estuvo lejos de bendecir la postulación presidencial de Massa durante el encuentro que ambos encabezaron en la Aeroestación Militar Aeroparque. En su cara, le dijo con todas las letras que su candidato presidencial hubiera sido Eduardo “Wado” de Pedro y dio a entender que si la candidatura terminó recayendo en el titular del Palacio de Hacienda fue porque se requería un remedio de última instancia para alcanzar la unidad del frente electoral y porque el presidente Alberto Fernández no iba a aprobar la postulación del ministro del Interior y dirigente de La Cámpora. En otras palabras, sugirió que la llegada de Massa al primer lugar de la fórmula presidencial fue el resultado de un veto de quien ejerce la titularidad del Poder Ejecutivo Nacional y del Partido Justicialista.

A lo largo de su alocución, la expresidenta incurrió en algunas imprecisiones. Por ejemplo, tras acusar al primer mandatario de haberse encaprichado -aunque usó la palabra “embanderado”- con la necesidad de “hacer PASO”, dijo que, si hubiera habido PASO el candidato de su sector habría sido De Pedro. Omitió que, en rigor, habrá igualmente competencia interna en UP por cuanto Juan Grabois confirmó su precandidatura presidencial porque no digiere a Massa. Cristina Kirchner también señaló que el ingreso de Agustín Rossi, el jefe de Gabinete de Alberto Fernández, al binomio presidencial surgió de una iniciativa de Máximo Kirchner, cuando todo indica que fue un pedido del jefe del Estado.

El trato de la vicepresidenta a Massa incluyó otras perlitas. Cuando destacó que “para ganar también hay que apostar siempre” y que el flamante postulante presidencial tenía esa característica, no dudó en tildarlo de “fullero”. Es difícil saber si Cristina Kirchner quiso emplear otro adjetivo o si efectivamente leyó el significado de ese término en el diccionario de la Real Academia Española, que define a la fullería como “trampa y engaño que se comete en el juego” o como “astucia, cautela y arte con que se pretende engañar”, y que reconoce como sinónimos palabras tales como “embuste”, “enredo” y “mentira”.

Es probable que a Massa no le haya molestado ese calificativo. Después de todo, a no pocos dirigentes políticos argentinos les resulta no poco halagador que se destaquen sus habilidades para sacar ventaja de situaciones o conflictos mediante ardides o engaños. Muñeca política la llaman algunos.

En cambio, es factible que el ministro de Economía no se haya sentido tan cómodo cuando la expresidenta pareció querer marcarle la cancha en materia económica. Enfáticamente, la vicepresidenta volvió a utilizar el estrado para intentar dar cátedra sobre la inflación en la Argentina. Insistió en que esta es el resultado del conflicto distributivo y que su principal causa es el afán desmedido de ganancias de las empresas y la concentración de ingresos. Ni una palabra sobre el elevado déficit fiscal y los altos niveles de emisión monetaria.

La vicepresidenta atribuyó el súbito cambio de la fórmula “Wado” De Pedro-Juan Manzur por la de Massa y Rossi a que “los gobernadores querían una lista de unidad”. Se cuidó de decir que a algunos de esos mandatarios provinciales, en realidad, los inquietaba la escasa competitividad que al menos hasta la semana pasada mostraba De Pedro como postulante a la Casa Rosada. Fue en todo momento evidente que estaba desesperada por desmontar la hipótesis de que le torcieron el brazo.

El dedo mágico de Cristina Kirchner esta vez no podía funcionar. Carecía de un candidato propio potable para asegurar un buen desempeño electoral, por las limitaciones de De Pedro y por la negativa de Axel Kicillof a abandonar la posibilidad de ser reelegido gobernador bonaerense para afrontar la complicada aventura presidencial. No pocos gobernadores advirtieron que al ministro del Interior le faltaban varios golpes de horno para ser competitivo y que Manzur ni siquiera los representaba fielmente, como habría supuesto la vicepresidenta. Su capacidad como estratega electoral quedó puesta en tela de juicio.

Si la vicepresidenta no dio pelea para mantener al candidato de la militancia y de la “generación diezmada” y accedió a que fuese reemplado por quien años atrás, como postulante presidencial, prometía “barrer con los ñoquis de La Cámpora”, fue porque la propia Cristina reconocía las dificultades de De Pedro para evitar una derrota electoral y prefirió sacarse un peso de encima. Ahora, podrá refugiarse en la provincia de Buenos Aires y responsabilizar por un probable traspié electoral en el orden nacional a Massa y a Alberto Fernández. En otras palabras, intentar apartarse y apartar a La Cámpora de un fracaso que considera seguro.

En adelante, no serán pocas las disyuntivas que afrontará Massa, teniendo en cuenta que buena parte de la militancia kirchnerista lo asocia con Rudolph Giuliani, con la Embajada de los Estados Unidos y hasta con el FBI, todas malas palabras para la comunidad “progre” de la coalición oficialista, para no recordar que, en sus conversaciones telefónicas con Oscar Parrilli que se filtraron años atrás, Cristina Kirchner llegó a vincularlo con el narcotráfico.

¿A qué discurso recurrirá Massa para no desentonar con el relato kirchnerista? Si plantea un mensaje afín a una mayor racionalidad económica atento a las demandas de los mercados y se acerca a posiciones de mayor mano dura frente a la delincuencia, podría perder votos kirchneristas lindantes con un pensamiento izquierdista. Y si solo se dedica a complacer a la militancia K, tal vez debería resignarse a crecer hacia sectores independientes del electorado. ¿Preparará un discurso para las PASO de agosto más afín a las posiciones del kirchnerismo y otro discurso de mayor apertura para las elecciones generales de octubre?

Su compañero de fórmula puede aportarle un problema adicional, ya que, allá por 2014, Rossi no dudó en acusarlo de querer “suspender los juicios por delitos de lesa humanidad y liberar a los genocidas”, al tiempo que consideraba que Massa y Mauricio Macri encarnaban “la peor derecha” y eran “lobos disfrazados de corderos”. En las últimas horas, Rossi se desdijo de aquellas aseveraciones y señaló que es un error calificar a Massa como parte de “la derecha”.

Se trata, por cierto, de problemas menores, si se tiene en cuenta la situación económica de un país que, durante la gestión de Massa como ministro, vio subir la inflación desde el 78% hasta el 114% interanual y que se ha quedado sin reservas. Ahí reside su mayor desafío.

Como con lucidez apuntó el filósofo Santiago Kovadloff, Cristina le entregó a Massa una corona envenenada y buscó optar por la más favorable de las derrotas.

Fuente:Diario Panorama

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