Jueves 30 de Mayo de 2024

Hoy es Jueves 30 de Mayo de 2024 y son las 14:05 -

ACTUALIDAD

12 de abril de 2023

Para Berni, Kicillof y el universo K se acabó el tiempo de hacerse los distraídos

"Se hace la vista gorda a menos que el hecho se venga encima y no hay más remedio que actuar", dijo la Iglesia a raíz del crimen de Daniel Barrientos.

“Vivís con miedo... No es fácil tomar decisiones, cuando hay dos hijos en el medio. Yo salgo a laburar y no tengo la menor idea si vuelvo. Les doy un beso y un abrazo a Romi (su mujer), y a Uma y a León (sus hijos), les digo que los amo y me voy con mis pensamientos” , dice Luis Gómez, de 40 años, al que su hija de 11 le pide que cambie de trabajo. Matías Gómez, de 37, comparte la angustia: “Esta semana me costó un montón dormir. Rezo para llegar sano y salvo hasta la parada de colectivos. Y después me queda todo el turno de trabajo. O sea que me la paso con miedo”. Y agrega que la mayoría de sus compañeros está igual, y que muchos piensan ya en buscarse otra ocupación.

Los dos hombres que se confesaron con Clarín no son rastreadores de minas, ni integran alguna fuerza especial de operaciones peligrosas, ni son rescatistas en misiones suicidas. Pero en la Argentina 2023 lo parecen. Luis y Matías son choferes de colectivo. Más precisamente, de la línea 620, la misma de la cual era conductor Daniel Barrientos, asesinado brutalmente la semana pasada mientras hacía su recorrido por La Matanza, una de las zonas más calientes del Conurbano bonaerense.

El asesinato de Barrientos, 65 años, a un mes de jubilarse después de tres décadas al volante de su unidad, mostró una de las caras más descarnadas del tiempo que vivimos. Una que la política se niega a mirar, basándose en ese extraño principio según el cual lo que no se nombra no existe. Pero se sabe: no se puede tapar el Sol con la mano ni negar la realidad que miles palpan y sufren a diario; en algún momento esa realidad estalla y suele hacerlo con el efecto de un bumerang.

La Iglesia se encargó de marcarlo con todas las letras. En un lenguaje inusualmente duro y frontal, los obispos de Laferrere, Jorge Torres Carbonell, y de San Justo, Eduardo García, pusieron en blanco sobre negro esa realidad en un comunicado en el que hablaron de “un inocente asesinado fruto de la falta de seguridad instalada en nuestros barrios y de los pequeños intereses creados”. Y agregaron que aunque se sienten consternados por el hecho no se asombran porque “es uno más en la lista de los últimos años en los cuales ningún barrio ni zona ha quedado exento del robo, la entradera, el apriete, el choreo de celulares a plena luz del día, muchos de ellos seguidos de muerte”.

Tampoco escapó al análisis de los obispos la decisión de la política de no hacerse cargo del flagelo de la inseguridad, que lleva a los vecinos a sentir que viven “en territorio liberado”. Con la misma crudeza de los párrafos anteriores señalaron: “Se hace la vista gorda a menos que el hecho se venga encima y no haya más remedio que actuar, negociado porque atrás de esta inseguridad sabemos que operan las grandes mafias de los narcos que han invadido con su negocio nuestros barrios”, para terminar caracterIzando al actual estado de cosas como una “guerra de pobres contra pobres”.

No fue sin embargo el crimen de Barrientos lo que obligó al Gobierno a despabilarse, sino la reacción que generó, cuando en otra de las suyas Sergio Berni aterrizó allí donde los choferes, compañeros del asesinado, estaban haciendo una protesta en reclamo de más seguridad. La situación, como se sabe, se desmadró y el súper ministro de Axel Kicillof fue agredido con golpes de puño y objetos varios. Fue esta respuesta la que obligó a políticos más interesados en debatir candidaturas y pelear internas que en atender los reales problemas de la gente a escuchar las alarmas que ya venían sonando.

Desde hace ya un tiempo, la inseguridad viene escalando posiciones entre las principales preocupaciones de los argentinos. Por citar un caso, la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública hecha por la Universidad de San Andrés el mes pasado, la ubicó en segundo lugar detrás de la inflación y por encima de la corrupción, que se ubicó en el tercer puesto. Quizás no casualmente.

Ante la pregunta “¿Cuál o cuáles dirías que son los principales problemas que afectan hoy al país?”, el 59% mencionó la inflación y el 36%, delincuencia, robos e inseguridad. Más reveladora todavía es otra respuesta, la que se refiere a cómo se trata, o no, el tema. Cuando se inquirió por el nivel de satisfacción o insatisfacción con la política de seguridad, un contundente 89% contestó que el nivel de insatisfacción es total. Un teléfono que habrá que atender sin demoras. Pero mucho más allá de la urgencia electoral.

El show off, el hacer que parezca que se hace, las declaraciones vacías y las promesas huecas tampoco parecen tener ya lugar. Hay hartazgo, y se nota. Una vez más, el asesinato de Barrientos lo puso bajo la luz pública. La detención de los dos choferes acusados de agredir a Berni en medio de la protesta por el nuevo colectivero asesinado (en el mismo lugar, cinco años atrás, mataron a Leandro Alcaraz, de 26) fue otra demostración de la desmesura y el desvarío que imperan en estos tiempos de desconcierto.

Allanamientos a la madrugada, colectiveros tirados al suelo y un despliegue digno de un operativo para cazar terroristas que hizo decir a uno de los choferes :”Bajen las armas, soy chofer de colectivo”, merecieron el repudio de unos y otros.

Si algo sobró y sobra son las desmesuras. Como la del propio Kicillof intentando convertir el crimen de Barrientos, un hecho de inseguridad a los que están tan (mal)acostumbrados los habitantes del Conurbano, en una maniobra política, en la que involucró a la oposición, o las de Berni diciendo que le “tiraron un muerto” o comparando, incalificablemente, el ataque que sufrió con el asesinato de Fernando Báez Sosa.

La explicación que dio el gobernador para sostener su teoría trasnochada da vergüenza ajena y suena a burla para los familiares y compañeros que velaban a uno de los suyos. La teoría conspirativa y el aprovechamiento político más descarado en medio del dolor, la tragedia, y la lamentable realidad de millones de personas.

Lo más notable es cómo los testimonios de quienes estaban a bordo del colectivo asaltado desmintieron la teoría del gobernador. El remate vino de la mano de la inefable vocera presidencial, Gabriela Cerruti. Apuntando contra los medios de comunicación, uno de sus blancos favoritos, dijo a raíz del asesinato de Barrientos: “No nos parece que algunos temas sean motivo de tantas tapas de diarios. Que la violencia paga más que la bondad en los medios es histórico”, dijo, para redondear: “Creo que nosotros estamos en el año 23 del siglo XXI y el periodismo y la política se siguen manejando como a principios del siglo XX”.

No se entiende quién vendría a representar el “nosotros” dado que es portavoz del Presidente, que parecería representar muy bien a la política que ella condena. A la minimización de la muerte de Barrientos, ni valdría la pena responder. Pero una posibilidad es hacerlo con aquello de John Donne “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso no preguntes por quién doblan la campanas, doblan por ti”.

Aunque tal vez más adecuado sea recrear lo que un estudiante le dijo al gobernador chaqueño Jorge Capitanich describiendo la realidad nacional: “Un país rico donde la gente es pobre y depende de charlatanes”.

Fuente:Diario Panorama

COMPARTIR:

Comentarios

Escribir un comentario »

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!