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15 de junio de 2022

Con los robots ordeñadores, ¿se terminará de deshabitar el campo?

En la actividad agropecuaria, maquinarias como tractores, sembradoras, etc., significaron el aumento de la producción. Pero también que los campos más eficientes fueran los más grandes, los que pudieran producir más con menos gente.

En nuestros caminos rurales, quedan algunas arboledas donde antes estaban las casas de quienes hicieron la historia de la colonización agrícola. La electrificación rural actualmente es regresiva, porque se levanta el servicio donde desaparecieron los hogares que antes demandaban esa energía. Muchos caminos dejaron de utilizarse. 

La principal actividad campestre que, en nuestra zona, continúa demandando población rural, es la lechera. Aunque cerraron muchísimos tambos, varios aun sobreviven. En la era de los robots, ¿podría llegarles a ellos también el fin?

¿Sería deseable la despoblación del campo? El urbanismo suele considerarse sinónimo de progreso. Resultaría más sencillo abastecer de servicios a muchos en una ciudad, que a unos pocos en los campos. Pero, la calidad de vida en la ciudad de los antiguos moradores del campo, no es siempre mejor. La pérdida de las tradiciones rurales, podría afectar la esencia de nuestra cultura, y la ausencia de habitantes en el campo podría facilitar, por falta de observadores, el aumento del abigeato, el robo de granos, o el vandalismo sobre silobolsas. 

El modo en que la robótica en los tambos sería introducida en San Jerónimo Norte, al concentrar la producción de seis tambos tradicionales en la ciudad, sugiere que será otro factor que desfavorece los asentamientos rurales.

El suscripto ya opinó que el proyecto es un sinsentido urbanístico, ecológico, energético, y como supuesto remedio para morigerar el impacto de las inundaciones. Pero, no menos importante, es que tergiversa el sentido de una tecnología con la que los tambos pequeños podrían alcanzar la eficiencia de los grandes. 

La "American Dairy Science Association" elaboró un informe titulado "Sistemas de Ordeñe Automático, Tamaño de los Tambos, y Producción de Leche". En él, se analiza el rendimiento económico de los robots, cotejándolos con las más avanzadas máquinas de ordeñe tradicional.

El informe compara ambos tipos de maquinarias en tambos de 30 a 270 vacas. Para ello fijó los siguientes parámetros:

-los robots cuestan casi 3 veces más que las ordeñadoras tradicionales más avanzadas.

 

-la vida útil de las ordeñadoras tradicionales es de 10 años, mientras que la de los robots sería de 7.

-sin fosas para personal, menos bretes, etc., las instalaciones para los robots son más baratas.

-para todos los tamaños de tambos se consideró que tenían el mismo tipo de suelo y clima, y todas las vacas de la misma calidad genética.

El informe concluyó que los robots en este momento no ofrecen un beneficio económico en la mayoría de los tambos. Mejoran la competitividad entre un 5 y un 10% sólo en los tambos de 50 a 120 vacas, cuando con las ordeñadoras tradicionales se realizaban sólo dos ordeñes diarios. El costo de un robot no podría ser amortizado por los tambos de menos de 50 vacas, y en los tambos de más de 120 vacas, son más rentables las ordeñadoras tradicionales utilizadas 3 veces al día, ya que en ellos la mano de obra que reemplazarían los robots, tiene muy poca incidencia en el costo de la leche producida. 

El principal beneficio que los robots podrían arrojar no sería económico sino en calidad de vida, ya que permitirían que el operario del tambo trabaje menos horas, pero no se podría prescindir de él. 

Si se supone necesario que los tambos con robots mantengan operativas ordeñadoras comunes, como reserva en caso que los primeros fallen y atento la complejidad de su reparación, nuevamente sólo sería viable en tambos de 50 a 120 vacas. Mantener ociosa, sólo como reserva, la infraestructura tradicional necesaria para operar tambos más grandes, tendría costos prohibitivos.

El óptimo de trabajo para cada robot, rondaría las 18 horas diarias, ya que se necesitan 4 horas para tareas de limpieza y mantenimiento, e intervalos de al menos 2 minutos entre el ordeñe de una y otra vaca. Es fundamental que los robots se adecúen bien al tamaño del rebaño. Si se los subutiliza, no se los podrá amortizar. En caso que no alcancen a completar todos los ordeñes que las vacas desean, el productor pierde rendimiento por animal. En la lucha por llegar al robot entre varias vacas que lo requieren, se impondrán las vacas más grandes. Es decir que, aunque normalmente se supone que el robot le da menos estrés a la vaca, porque decidiría ella y no el hombre cuando desea ser ordeñada, las vacas más pequeñas del rebaño podrían sufrir el estrés de que podrían acceder al robot sólo a la noche, cuando las vacas grandes duermen y entonces les permiten llegar. Los tambos de más de 120 vacas no podrían ser bien monitoreados para lograr ese óptimo de vacas por robot.

Como conclusión, procurar una mayor escala de producción para obtener eficiencia con el uso de robots, como se plantea en San Jerónimo, no tendría sentido.

Los robots, con el confort que brindan, habrían llegado para humanizar la vida rural, no para eliminarla. Armar un tambo Frankenstein, con las mejores partes de seis tambos tradicionales, y emplazarlo en las puertas de la ciudad entrando desde Humboldt, para así embriagarnos con 24.000 toneladas al año de efluentes con estiércol y orina, podría ser, además de una película de terror, un grueso error económico de quienes lo proponen.

* Diplomático, prestó servicios en España, Irán, Alemania, Turquía y Suiza. En el último destino gestionó el hermanamiento entre Brig y San Jerónimo Norte

Fuente:Campo Litoral

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