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SANTA FE

4 de octubre de 2021

La historia del tío Juan antes de convertirse en el general Perón

Sobrinas nietas de la primera esposa del mítico dirigente donaron al Museo Marc decenas de cartas, postales y fotografías

Poco se sabe de Aurelia Tizón, a quien todos llamaban Potota y fue desde 1926 la primera compañera y esposa de Juan Perón. Esa mujer con quien compartió, hasta su muerte en 1938, una década de matrimonio en los tiempos en que aún no era un personaje público ni se vislumbraba la trascendencia que su figura tendría en la historia. Y con quien tampoco, así como con Eva Duarte años después, tendría hijos. El vínculo afectivo y paternal que Perón sí logró con las sobrinas de Aurelia, sobre todo Susana y Dora, aparece en una decena de fotografías, documentos, postales y cartas que el propio Perón envió a las niñas durante sus años en Europa donde buscaba recuperarse del fallecimiento de su mujer. Un material que no da cuenta del hombre público ni el dirigente, pero que ayuda a configurar los trazos del hombre por fuera de la esfera pública y que ahora las hijas de quienes fueron esas pequeñas sobrinas donaron al Museo Provincial Julio Marc. Una colección que ya puede verse en las salas del edificio del parque Independencia y que es la primera que ingresa al museo sobre la historia del siglo XX.

El relato de la historia de Aurelia, la séptima hija mujer de una familia de inmigrantes, y el anecdotario de todo un linaje de mujeres fue puesto en palabras este martes en la sala de ingreso al museo por Gabriela Benetti Tizón, sobrina nieta de Aurelia, pero además historiadora, docente de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) e impulsora de la donación.

La narración se inicia a finales del siglo XIX con la llegada de los Tizón a la Argentina, la historia del abuelo Justo, su trabajo en el ferrocarril, su paso por Coronel Bogado y su muerte prematura en 1929 a los 50 años, cuando Susana y Dora, a quien le dejó el sobrenombre de Gato o Gatito, eran apenas unas niñas. Gabriela, hija de Dora, va anudando las partes de la historia familiar y apunta a 1926, la fecha en la que un amigo de Perón, por entonces un militar que ascendía en su carrera, pero que usaba bigote y no tenía trascendencia en la escena nacional, se conoció con Aurelia en un bar e iniciaron un noviazgo que se extendió por tres años.

Perón y Aurelia se casaron justo el mismo año, destaca Gabriela, en que Susana y Dora perdieron a su papá. "La familia grande tomó una actitud de cuidado y acompañamiento de Fermina y sus hijas", afirmó la historiadora y lo retrató como "un tío cómplice y presente". Ese que incluso les enseñó a montar a caballo y disparar con rifles de aire comprimido, además de repartir "chocolatinas".

  Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital

El hecho de que no habían tenido hijos también profundizaba ese vínculo. "Sobre eso las mujeres hablaban y lo que sabemos es que Aurelia se hizo estudios, que le dieron bien y que, tras dialogar con el médico de Perón, le dijo al resto de las mujeres de la familia: «Yo ya tengo una respuesta y de esto no se habla más. Nosotros no tendremos hijos»", relató Gabriela.

En 1936 la pareja se mudó a Santiago de Chile, donde Perón tuvo una misión diplomática. Allí mantuvieron una amplia vida social. Aurelia lo ayudó en sus estudios y en la redacción de los discursos, pero en 1938 un diagnóstico de cáncer de útero los empujó a volver a Buenos Aires, donde Aurelia falleció con sólo 36 años.

Sostener el vínculo

Sus cuñados, cuñadas y sobrinas fueron un refugio ante la muerte de Aurelia y por eso, incluso cuando en 1939 fue enviado a Italia como agregado militar y observador de lo que serían los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, Perón se ocupó de sostener a través de fotografías, cartas y postales una correspondencia fluida con la familia y sobre todo con Fermina y las niñas, que ya para entonces vivían en Rosario.

Por entonces teniente coronel, Perón encabezaba las cartas "Señoritas Susy y Gato Tizón" y, en abril de 1939, desde Roma, les enviaba "un primer saludo" y se dirigía a ellas como "mis muy queridas pibas".

Les relató el calor del primer tramo del viaje desde Montevideo hasta Recife, les confesó el aburrimiento en el viaje e incluso señaló: "Viniendo en patota sería una maravilla". Les preguntó por sus tareas escolares, bromeó diciendo que su italiano "va bene" y les prometió escribir pronto y "más extenso".

"Él eligió Italia desde el primer momento, por sus raíces y por la afinidad lingüística y estudió mucho antes de viajar", contó la mujer sobre ese viaje, sin dudar de que se trató además de una propuesta hecha a Perón "como una forma de buscar sacarlo del profundo dolor que le había provocado la muerte de Aurelia y que incluso lo había empujado a hacer un viaje solo por el país".

Durante los años 39 y 40 en los que Perón estuvo en Italia como agregado militar en los primeros años de la guerra.

Durante los años 39 y 40 en los que Perón estuvo en Italia como agregado militar en los primeros años de la guerra.

 

Eva, la ruptura y un reencuentro

Aunque con dificultades para salir de Europa en plena guerra, Perón logró retornar a la Argentina y en 1944 conoció a Eva Duarte, lo que marcó para los Tizón un punto de inflexión y no solo por la figura política en la que se convertiría.

Gabriela anudó a la historia otro personaje: María, hermana de Aurelia. "Con esa cuñada Perón también tuvo una relación muy cercana e incluso fue con ella con quien compartía intereses políticos e incluso trabajó con él", relató. Sin embargo, el punto clave sería que antes de morir Aurelia les habría hecho jurar a Perón y a María que se casarían, algo que no sucedió, aunque sí se mantuvieron cerca hasta la relación con Evita.

De hecho, el cuerpo de Aurelia estaba enterrado en el panteón de los Perón y una vez casado con Evita, María fue justamente quien buscó por todos los medios sacar de allí a su hermana para llevarla a un panteón propio de la familia. Algo que hizo años más tardes, entre gallos y medianoche, con un camión militar. "Ni siquiera sabemos si Perón supo alguna vez que el cuerpo de Potota ya no estaba allí", señaló otro de los sobrinos nietos y hermano de Gabriela.

Perón fue tres veces presidente y nadie más de la familia tuvo contacto con él, a excepción de Dora, la madre de Gabriela que durante un viaje a Europa en 1970, durante su exilio en Puerta de Hierro (Madrid), mantuvo un encuentro. "Fue por insistencia de mi papá", admitió Gabriela, pero al mismo tiempo confesó que ese reencuentro fue para Dora "un cierre y una forma de desobediencia a los mandatos familiares".

Quizá por eso, Gabriela, sus hermanos y el resto de la familia esperaron a la muerte de Susy y Dora para hacer que esas piezas pasaran a ser parte del patrimonio de la ciudad a través del museo. Una historia íntima, que las atraviesa, pero que aporta una mirada diferente del hombre antes de ser Perón.

  Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital   Fuente:La Capital

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