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25 de septiembre de 2021

La gran historia solidaria que nació lavando un auto

Un joven estudiante universitario y un changarín entablaron una amistad que le terminó cambiando la vida a una familia

Mateo Comba está terminando la carrera de Agronomía, tiene 28 años y siempre le gustó ayudar. Hace tres años conoció a Julio, un hombre de su misma edad que buscaba cartones. Se acercó a conversar y allí surgió una amistad que lo introdujo en un mundo desconocido. Al palpar la necesidad ingente de una familia involucró a sus conocidos y le construyó una casa. Está a punto de inaugurar la obra, ubicada en el corazón de barrio Toba.

Era 23 de diciembre por la tarde. Mateo volvió a su casa y encontró a un hombre sentado en el portal del vecino, junto a un carrito con unos pocos cartones. Lo vio cabizbajo y abrumado. Curioso, se acercó a ver qué le pasaba. Entonces conoció a Julio, que le contó que había cartoneado todo el día, pero no había conseguido juntar nada para su casa, faltando un día para Navidad.

Mateo reaccionó inmediatamente, buscó ropa y alimentos en su casa y se los dio. Además, le ofreció lavar juntos el auto y le pagó por ese trabajo. Intercambiaron los números de teléfono y se inició una amistad. Al día siguiente, 24 de diciembre por la noche, Mateo recibió una foto de Julio con su familia cenando una rica comida. Ese gesto le llenó el alma.

Siguieron en contacto. “Le dije a Julio que me avisara si necesitaba algo y me contó que hacía changas de albañilería, pintura y que juntaba cartones”.

Pasaron los meses, Mateo avanzaba en la carrera y lanzó un emprendimiento para la venta de mates y accesorios. A través de sus contactos intentaba conseguir alguna “changa” para Julio, además de suministrarle ropa para sus hijos pequeños.

“Un día, mientras lo llevaba a Funes a una obra en la que estaba trabajando, me contó que quería juntar plata para armar una habitación para sus hijos”, recuerda Mateo.

La casilla de chapas de Julio está ubicada en el corazón de barrio Toba de bulevar Seguí y Roullión. Al fondo de un pasillo vive con su mujer y sus dos nenes, que tienen entre 3 y 5 años.

El hombre le contó a Mateo que todos conviven en una misma habitación (la única de la casa) y cuando llueve el agua traspasa el techo de chapa y el piso se embarra porque es de tierra. Tienen un solo cuchillo y hay una sola canilla de agua potable para todo el barrio. Cada uno tiene un solo par de zapatillas y los chicos juegan con un único juguete.

“Nosotros nacimos en otra realidad y parte del compromiso social es involucrarnos”, considera Mateo.

Julio también le contó que hacía 10 días que estaban comiendo torta asada y mate cocido. “Me tocó el corazón escuchar eso y pensé en los chicos, en cómo crecerían y en que no se merecían vivir así”.

Ante la situación de su amigo, Mateo hizo una averiguación rápida de cuánto dinero implicaba construir una habitación para los hijos de Julio. Pensó que lo podría conseguir, pero no le cerraba la idea de darle el dinero solamente, y lo fue a visitar a barrio Toba.

Al ver la cruel realidad en la que vivía Julio con su familia se dio cuenta de que su amigo no necesitaba una habitación, sino una casa para vivir con dignidad.

“Me tenía que jugar y lanzarme a algo más ambicioso como construir la casa para Julio”, rememoró Mateo. Habló con su socio y sumó amigos y conocidos, a través de la web de su emprendimiento de venta de mates. Además, pidió donativos a empresas y lanzó una rifa. Con esto juntó todo el dinero para comprar los materiales para construir.

Julio no podía creer cuando vio que llegaban los materiales a su barrio. Feliz, empezó a levantar las paredes de material de su casa, junto con un vecino y su amigo Mateo. En estos días llegarán los sanitarios, y ya se puede ver la cocina comedor y las dos habitaciones: una para el matrimonio y otra para los chicos. “Ya no entra el agua cuando llueve”, le dice contento Julio a su amigo.

“Terminamos haciendo toda la casa y Julio me enseñó de construcción. Hicimos el piso, contrapiso, paredes, techo de chapa con aislantes, el comedor, un baño y las dos habitaciones. Cumplimos el sueño después de tanto trabajo y esfuerzo”, expresa el joven.

No todo termina allí, Mateo le va a enseñar a Julio algunas nociones de economía, ventas y contabilidad, para que su amigo se abra una verdulería y logre un trabajo. “No voy a cambiar el mundo, pero sí la vida de una familia”, concluye el emprendedor.

Fuente:La Capital

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