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ENFOQUE

24 de noviembre de 2020

¿Qué puntaje merece Javkin en el primer año de gestión como intendente?

A Javkin no habría que evaluarlo como intendente de una Rosario "normal", sino como intendente de una Rosario en pandemia. Y esa diferencia no es un detalle ni un juego de palabras. Lo urgente y lo importante cambiaron drásticamente.

En pocos días más, el 10 de diciembre, Pablo Javkin cumplirá su primer año como intendente de Rosario, y es hora de balance. ¿Del 1 al 10, con qué nota habría que calificar su gestión? De los 12 primeros meses al frente de la Intendencia, nueve estuvo en medio de la peor pandemia que el mundo vivió en el último siglo, con lo cual al igual que le pasa al resto de los mandatarios su gobierno quedó absolutamente condicionado por esta situación. Gran parte de los planes que tenía al asumir el cargo los debió guardar en un cajón, recalcular y cambiar sobre la marcha la partitura. Sin miramientos por la realidad ni por lo que está ocurriendo en el planeta en esta situación excepcional, uno podría lanzar fácilmente y sin contemplaciones una artillería de críticas (lo mismo ocurriría si se examina tanto al gobierno provincial como al nacional). Pero eso obturaría cualquier análisis que tenga pretensión de seriedad. Es que a Javkin no habría que evaluarlo como intendente de una Rosario “normal” en este primer año de gestión, sino más precisamente como intendente de una Rosario en pandemia, como seguramente será recordado cuando el Covid-19 ya sea historia. Y esa diferencia no es un detalle ni un juego de palabras. Lo urgente y lo importante cambiaron drásticamente.

Javkin asumió como intendente con un plan de gobierno, que explicitó el 4 de marzo pasado en la apertura de las sesiones ordinarias del Concejo. En una situación de “normalidad” habría que calificar su primer año de gestión midiendo, entre otras cosas, el cumplimiento de ese programa. Pero siete días después la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó el Covid-19 como pandemia y cinco días más tarde la Argentina entró en cuarentena estricta. En apenas dos semanas la hoja de ruta de Javkin, como la de todos los gobernantes, se desvaneció en el aire: la prioridad absoluta pasó a ser la lucha contra el coronavirus, que en Rosario dejó hasta ayer 1.070 fallecidos. Y eso significó para el municipio, entre otras cosas, readecuar gastos y partidas para atender las contingencias de la pandemia.

Javkin recibió la Municipalidad tras 30 años de gobierno socialista con sus cuentas al rojo vivo, pero no tenía beneficio de inventario ya que fue partícipe como socio político de esa gestión. El déficit incluso se terminó de agrandar en 2019 cuando la entonces intendenta Mónica Fein en un acuerdo con el gobernador Miguel Lifschitz refinanció una deuda de más de 1.600 millones de pesos con la provincia por anticipos de la coparticipación. Es decir, Fein no pagó a la provincia fondos adelantados que utilizó para gastos corrientes y le pasó la cuenta a la siguiente gestión, justamente la de Javkin. Con aliados así quién necesita opositores (leer acá).

Este es el complejo contexto que le tocó al actual intendente. Y a eso se suma un socialismo que no logra contener su ansiedad por haber quedado fuera de los gobiernos de la provincia y Rosario y que por momentos especula y retacea el cuerpo a la gestión municipal (hay que recordar el audio de Whatsapp que el 5 de abril pasado envió Javkin expresando su enojo con el personal jerárquico y político de la Intendencia que en su gran mayoría responde al socialismo).

En este marco, Javkin mostró una gran habilidad política para construir gobernabilidad, imprescindible para llevar adelante una gestión. Por un lado, entabló una óptima relación con la provincia y la Nación. Hubo sintonía gruesa y también fina con el gobernador Omar Perotti (leer acá). Esto le dio viabilidad financiera a un municipio en serios problemas, y recursos y acuerdos en las áreas más importantes de gobierno. Durante todos estos meses de pandemia tanto la provincia como la Nación invirtieron millonarios fondos en Rosario en salud y políticas sociales, como subsidios y distribución de alimentos (el 41,8% de los habitantes de la ciudad son pobres, según el último relevamiento del Indec).

Pero Javkin también tuvo la suficiente pericia y astucia para sostener simultáneamente su gobierno sobre un impensado acuerdo en el Concejo del que forman parte fuerzas políticas totalmente antagónicas: desde el Frente Progresista (Creo, socialistas, radicales y demoprogresistas) hasta La Cámpora y desde el sector del PRO liderado por Roy López Molina hasta la izquierda de Ciudad Futura (ver acá). Ese ramillete de partidos que tienen visiones totalmente contrapuestas del rol del Estado es el que viene consensuando y aprobando todos los proyectos del Ejecutivo. Javkin demuestra así que domina en toda su dimensión el arte de la negociación política. Pragmatismo puro. El desafío que tiene por delante es que ninguno de esos actores se levante de la mesa de gobernabilidad en 2021, un año electoral en donde todas las fuerzas buscan diferenciarse.

Si hay hasta ahora un punto alto en la gestión propiamente dicha es el área de salud. Este servicio público municipal funcionó óptimamente ante el enorme desafío que planteó el Covid-19. Esto también fue así en gran medida gracias a la perfecta coordinación con las políticas que en la materia desarrolla la provincia en Rosario y el sector privado. El sistema de salud de la ciudad dio respuesta, y evitó hasta ahora llegar a la temida saturación. Y eso no es poco (leer acá).

Y si hay un punto bajo en este primer año de Javkin es sin duda el transporte público. La ciudad ya sufrió en lo que va del año 87 días sin colectivos por paros de los choferes. Una situación inédita en la historia de Rosario. El municipio intenta sacarse de encima la responsabilidad argumentando que no alcanzan los subsidios que envía la Nación. Pero cualquiera podría preguntarse por qué el resto de las ciudades del interior del país, en igual situación que Rosario, no padecieron por ejemplo durante noviembre huelgas por falta de pago de salarios a los colectiveros. Ahí hay una respuesta que no aparece (leer acá). El transporte público fue el talón de Aquiles de las gestiones municipales de las últimas décadas, y Javkin tiene ahora la responsabilidad de encontrarle una solución a este problema crónico de la ciudad.

En el boletín de calificaciones hay otros sectores importantes de la gestión que son complejos de valorar taxativamente a un año de gobierno y pandemia mediante. Limpieza, mantenimiento, control y ordenamiento, bacheo, tránsito, cultura, urbanización de barrios populares y cambio integral en la movilidad, todas áreas en las que Javkin prometió cambios y que hasta el momento han tenido claroscuros. Algunas con más luces y otras con más sombras.

En el horizonte más cercano aparece el gran desafío de mantener los niveles de actividad de la ciudad en medio de la pandemia, y para ello es clave sortear lo que podría ser la segunda ola de contagios mientras llega la vacuna. Y paralelamente, y ya asumiendo esta “nueva normalidad”, Javkin deberá intentar retomar los ejes de gestión que explicitó ese 4 de marzo en el Concejo, pero adaptados a la compleja realidad económica y social que está dejando la pandemia.

Mientras tanto, el reloj de arena de su gobierno inexorablemente sigue corriendo.

Fuente:La Capital

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