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OPINIÓN

25 de agosto de 2026

La realidad, según Milei

El Presidente recuperó su discurso de barricada y volvió a mostrarse en estado de campaña electoral. Lo hizo con mucha anticipación, pero también en un momento especialmente adverso para el Gobierno | Por Sergio Suppo.

El Presidente reapareció con un discurso de campaña, aferrado a los logros macroeconómicos y dirigido a sus seguidores más fieles. Sin embargo, enfrenta un creciente malestar social y aliados que ya no parecen dispuestos a acompañarlo sin condiciones.

Javier Milei volvió a hablar públicamente en la Argentina después de casi dos semanas. Su última aparición había sido el 17 de agosto, con un mensaje institucional para recordar al general José de San Martín. Aunque entonces hizo algunas referencias a los "enemigos de afuera y de adentro", el tono estuvo condicionado por la conmemoración.

Lo de este jueves, durante su participación en el Council of the Americas, fue diferente. El Presidente recuperó su discurso de barricada y volvió a mostrarse en estado de campaña electoral. Lo hizo con mucha anticipación, pero también en un momento especialmente adverso para el Gobierno.

¿Cuál es el escenario en el que Milei pronunció ese discurso?

El mandatario celebró la inflación mayorista del 0,8%, anunció un concierto para festejar el dato y aseguró que la economía está creciendo. De esa manera, buscó confrontar con quienes advierten sobre la caída de la actividad y el creciente descontento social.

En la política argentina comienza a observarse un efecto cascada. El primer ruido aparece en los ingresos de una parte importante de la población. Son personas que pueden valorar —y, de hecho, muchas valoran— que Milei haya reducido la inflación, pero que siguen encontrando dificultades en su economía cotidiana.

Los números de la macroeconomía pueden mostrar un ordenamiento, pero esa mejoría todavía no alcanza de la misma manera a todos los hogares. Allí está una de las principales tensiones que enfrenta el oficialismo.

Los votantes que llevaron a Milei a la Presidencia pueden dividirse, al menos, en tres grandes grupos.

El primero está integrado por quienes se arrepintieron y abandonaron al Gobierno. El segundo reúne a aquellos que todavía dudan, pero comienzan a reclamar resultados concretos después del esfuerzo realizado para acomodar las cuentas públicas. El tercero está conformado por quienes mantienen un respaldo firme al Presidente.

Ese último sector no es menor. Milei conserva un piso cercano al 30% de adhesión electoral, un capital político significativo cuando todavía falta más de un año para las elecciones presidenciales.

La incógnita es si ese tercio será suficiente para construir la mayoría necesaria para alcanzar la reelección. El Presidente mantiene una base sólida, pero necesita sumar apoyos por fuera de su núcleo más fiel.

En ese punto aparece un dato político que terminó de consolidarse durante las últimas horas: los gobernadores que a comienzos de este año buscaban desesperadamente una fotografía o un acuerdo con Milei ya no exhiben la misma urgencia.

Eran diez, doce o incluso trece mandatarios provinciales interesados en acercarse al Presidente. Ahora, cada vez que la Casa Rosada los convoca para conseguir votos en el Congreso, esos gobernadores plantean primero sus propias demandas. El acompañamiento legislativo dejó de significar automáticamente un respaldo al proyecto de reelección.

Hay un cambio de clima.

Esa transformación ayuda a explicar la exaltación y el enojo que Milei mostró durante su discurso. El Presidente volvió a concentrarse en sus incondicionales, endureció su retórica y presentó una interpretación de la realidad basada fundamentalmente en los logros económicos que reivindica su administración.

La pregunta es si mantendrá esa estrategia durante todo el camino electoral. Hablarle al tercio que todavía lo apoya puede servirle para conservar su identidad y evitar una dispersión de su base, pero difícilmente alcance para construir una mayoría.

Lo verdaderamente novedoso es que los aliados ya no son incondicionales. A partir de esa ruptura pueden reconstruirse acuerdos con el Gobierno o comenzar a surgir nuevas alianzas políticas.

La segunda posibilidad sería especialmente inquietante para Milei. Porque una cosa es sostener un tercio propio y otra, muy distinta, conseguir que quienes antes querían acercarse al poder vuelvan a considerar conveniente acompañarlo.

Fuente: Cadena 3

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