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OPINIÓN

12 de junio de 2026

Adorni eligió ser evasor antes que sospechoso

En política, a veces el encubrimiento pesa más que el hecho original. Y cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta separar el problema del jefe de Gabinete del costo que decidió asumir Milei.

¿Cuánto puede sostenerse que una de las personas con mayor responsabilidad institucional del país no pueda explicar con claridad el origen de su dinero? La pregunta ya no alcanza sólo a Manuel Adorni. Desde hace tiempo, el costo político empezó a pagarlo Javier Milei.

El Presidente decidió sostener en el cargo a un funcionario que, por la magnitud de las dudas que lo rodean, aparece cada vez más difícil de sostener. Hubo tiempo. Hubo expectativa. Hubo margen para que Adorni reuniera papeles, documentos, pruebas o una explicación consistente. Pero lo que terminó ofreciendo fue, políticamente, mucho más grave.

Adorni no es un ministro más. Como jefe de Gabinete, ocupa uno de los cargos centrales del Poder Ejecutivo y tiene rango constitucional. Es el jefe de la administración pública nacional. Por eso, su situación patrimonial no puede ser leída como un problema privado ni como una discusión menor con ARCA.

Lo que hizo Adorni fue elegir el mal menor: ante la posibilidad de quedar bajo la sospecha de corrupción, prefirió presentarse como evasor. Dicho de otro modo: entre que lo llamen "chorro" o evasor, eligió que lo llamen evasor. Y, en ese movimiento, reivindicó una conducta que el propio Estado persigue: esconder dinero, no declararlo y no pagar impuestos.

Ese mensaje lo retrata políticamente y también moralmente. Porque si un funcionario de semejante jerarquía justifica haber tenido dinero fuera del sistema, ¿Qué se le dice al contribuyente que pagó impuestos durante años? ¿Qué se le dice a las empresas y a los particulares que cumplieron con sus obligaciones fiscales? ¿Que fueron ingenuos? ¿Que hicieron mal en cumplir la ley?

La explicación, además, deja más preguntas que respuestas. ¿Cómo generó Adorni 500 mil dólares en la actividad privada? ¿Por qué todo ese supuesto ahorro quedó en negro? ¿Qué ingresos reales complementaban los de su esposa si seguía inscripta como monotributista? ¿Cómo se explica que sus gastos de tarjeta de crédito duplicaran sus ingresos declarados? ¿Cómo pasó de tener un departamento a comprar otro y, además, una casa?

La compra del inmueble mediante una hipoteca otorgada por dos jubiladas suma otro elemento difícil de explicar políticamente. También el argumento de que necesitaba mudarse porque no podía caminar por la calle. Es una frase que, más allá de lo personal, describe una situación política. Si un funcionario nacional dice que no puede circular por la calle, el problema excede su patrimonio.

También aparecen los viajes, los hoteles y los vuelos privados. La reserva en el hotel Yau Yau, el pago posterior de unos 6 mil dólares y los viajes a Punta del Este en avión privado componen una escena incompatible con la austeridad que el Gobierno suele exigirle al resto de la sociedad.

Algunas explicaciones pueden sonar verosímiles de manera aislada. Un tiempo compartido en Aruba, por ejemplo, puede formar parte de la historia de una familia de clase media de los años '90. Pero el problema no es un dato suelto. El problema es el conjunto. La acumulación de inconsistencias. La suma de gastos, propiedades, viajes, dinero no declarado y explicaciones tardías.

Después de semanas para ordenar su defensa, Adorni terminó admitiendo, en los hechos, que tenía una fortuna fuera del sistema. Y para explicar eso habló de ahorros, de inversiones, de criptomonedas y de dinero que apareció en un dispositivo. El resultado fue más desconcertante que esclarecedor.

Si se tratara de un particular, el caso podría reducirse a un conflicto fiscal: multas, reclamos de ARCA y eventualmente una causa judicial. Pero Adorni no es un particular. Es un funcionario público de máxima relevancia. Y cuando un funcionario así intenta explicar lo inexplicable reivindicando la evasión, el problema deja de ser contable y se vuelve político.

Por eso la pregunta ya no es sólo qué puede explicar Adorni. ¿Por qué Milei lo sigue sosteniendo? ¿Qué sabe Adorni que el Presidente necesita que no diga?

En política, a veces el encubrimiento pesa más que el hecho original. Y cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta separar el problema de Adorni del costo que decidió asumir Milei.

Fuente: Cadena 3

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