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PANDEMIA

17 de mayo de 2020

"Después del Covid-19 vendrá una crisis y se responsabilizará a los gobiernos"

El sociólogo Eduardo Fidanza advierte sobre el día después de la pandemia: allí vendrá una profunda crisis económica.

00:00 hs - Domingo 17 de Mayo de 2020

El sociólogo Eduardo Fidanza advierte sobre el día después de la pandemia: allí vendrá una profunda crisis económica y los gobiernos que hoy cosechan altos niveles de apoyo serán responsabilizados por la sociedad. De este modo, alerta, “lo que hoy es adhesión podría trocarse en protesta social en un futuro próximo”.

   Entrevistado por La Capital, el director de la consultora Poliarquía —que escribió un artículo para el libro El futuro después del Covid-19— remarca que la grieta no sirve para solucionar ninguno de los problemas estructurales del país y desliza que “tal vez la Argentina, en vistas de la excepcionalidad de la crisis, pueda dar también una respuesta inédita, construyendo un acuerdo económico social sólido y perdurable”.

   —¿Cómo definiría el estado de la opinión pública en este momento?

   —De acuerdo a los datos que poseemos en Poliarquia, a través de sondeos que realizamos diariamente a nivel nacional, constatamos que existe masiva preocupación por la pandemia, fuerte aprobación al modo en que el gobierno está gestionando la crisis, alto acuerdo con mantener el confinamiento, pero también angustia creciente por los daños económicos que produce la interrupción de la actividad en los ingresos familiares. Si se comparan estos datos con los de otros lugares del mundo, los comportamientos son relativamente similares, sobre todo respecto a los de Europa: se afirman los liderazgos políticos porque la gente necesita confiar en sus autoridades. Pero la experiencia indica que estos apoyos pueden declinar después que pase el momento crítico. No olvidemos lo que se viene aquí y en el mundo después de la pandemia: una fenomenal crisis económica, cuya responsabilidad se atribuirá probablemente a los gobiernos. De modo que lo que hoy es adhesión podría trocarse en protesta social en un futuro próximo.

   —Uno de los rasgos característicos de la cuarentena, al menos de la primera etapa, es la cooperación entre oficialismo y oposición, especialmente entre los Ejecutivos, ¿Ve que en los últimos días con los cruces entre el presidente y sectores opositores la dinámica política vuelve a agrietarse?

   —Efectivamente, se generó un consenso inicial muy fuerte para enfrentar al coronavirus. Si bien cincuenta días después ese consenso, para decirlo en términos actuales, se ha flexibilizado, creo que en lo sustancial se mantiene. Me refiero al que involucra a las figuras que tienen responsabilidad ejecutiva, empezando por el presidente, los gobernadores y los intendentes. Ellos mantienen un consenso operativo con pocas fisuras. Ese consenso se extiende a la comunidad científica, con un protagonismo destacado de los infectólogos. Creo que mientras continúe la pandemia estos acuerdos se prolongarán. El coronavirus nos ha hecho entrar a una fase distinta de la política, llevándonos de la competencia a la administración. Eso no quiere decir que de vez en cuando salten chispas, pero no es el fenómeno central en este momento.

   —¿Ve al gobierno “enamorado” del estado de excepción, como deslizan algunos sectores de la oposición? ¿Puede naturalizarse esta situación?

   —Ese es un riesgo permanente. Los dirigentes no se enamoran de una situación determinada; pueden, sin embargo, quedar deslumbrados por sus imágenes positivas en los sondeos y creer que si repiten las mismas acciones que los llevaron a la popularidad obtendrán los mismos resultados. Pero la realidad es muy dinámica y lo que fue una decisión que otorgó apoyo en un determinado momento, puede tornarse en contra en el momento posterior. Por eso, es importante mantener la plasticidad, no quedarse fijado en una zona de confort. Gobernar bien es complejo y depende de muchos factores. Una actitud que ayuda a no equivocarse es consultar. Así como hay que testear para combatir la peste, hay que consultar para tomar buenas decisiones. Creo que en lo básico el presidente lo ha hecho hasta ahora.

   —En su artículo habla de una mutación de los liderazgos políticos, ¿Pueden recuperar centralidad y adhesión liderazgos polarizadores como Macri y CFK si desbarrancan la situación sanitaria y económica?

   —Yo creo, y lo sostuve antes de la pandemia, que la Argentina asiste a una transición de liderazgos nacionales a partir del 10 de diciembre. Observamos desde entonces una tendencia: se estancaban o declinaban las imágenes positivas de Macri y Cristina Kirchner —las dos figuras centrales de la política por más de una década—, mientras crecían la de Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta. Con la pandemia esa tendencia se acentuó, de modo que nos permite establecer una hipótesis: el tipo de liderazgo de Fernández y Rodríguez Larreta es menos agresivo, más consensual, más aplicado a encontrar los medios para resolver los problemas, antes que a buscar argumentos para descalificar al adversario. En cambio, Cristina y Macri quedaron muy asociados a controversias de fondo, que son las que alimentan la grieta. Cada uno de ellos terminó representando a un país imaginario, cuyos valores son excluyentes: Macri al republicanismo, Cristina a lo nacional y popular. En esta dialéctica parece no existir reconciliación posible.

   

 

   —Las múltiples crisis -sanitarias, económicas y sociales- ponen a prueba a las capacidades estatales, ¿Está el Estado argentino a la altura de los desafíos que debe abordar?

   —En sentido general creo que el Estado argentino tiene deficiencias de organización considerables, algo típico de los países emergentes. Entiendo, sin embargo, que es más fructífero pensar la cuestión focalizándose en las tres modalidades del estado: el nacional, los provinciales y los municipales. La Argentina ha descentralizados muchas funciones y servicios, entre ellos la educación y la salud. Existen diferencias de capacidades estatales, según presupuesto, densidad de población, calidad de los liderazgos, niveles de organización, infraestructura, preparación de las burocracias públicas, para mencionar algunos aspectos. Los que reúnan las mejores condiciones podrán ofrecer una respuesta más eficiente. Me parece que al estado nacional le competen, sobre todo, las normativas generales y, en los casos que lo requieran, la ayuda a las jurisdicciones de menores recursos.

   —¿Ve posibilidades de construir un acuerdo social y económico? ¿Cuáles son los principales obstáculos para lograrlo?

   —Tal vez la Argentina, en vistas de la excepcionalidad de la crisis, pueda dar también una respuesta inédita, construyendo un acuerdo económico social sólido y perdurable. Aunque es algo muy difícil porque la imposibilidad de acordar viene de muy lejos. No creo en milagros, pero sí creo que no obstante existe una oportunidad. El país manifiesta cada vez con mayor dramatismo el peso de sus problemas históricos y estructurales irresueltos: inflación, pobreza, endeudamiento, bajo crecimiento. Frente a ellos la grieta no sirve para nada, empeora la situación. Debemos ir a las cosas, como nos recomendaba Ortega. Ir de la pelea ideológica a la elaboración de políticas públicas consensuadas que nos saquen del pantano. Espero que nuestras élites, y no me refiero únicamente a la política, estén por una vez a la altura de las circunstancias.

 

fuente: la capital

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