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OPINIÓN

17 de marzo de 2019

El factor Cristina

Claves. La centralidad de la ex presidenta demuestra lo mal que le ha ido a su sucesor. El país votó a Macri para terminar con el kirchnerismo, pero hoy la gran duda de la política es qué hará CFK.

La centralidad que tiene Cristina Kirchner, a más de tres años de haber dejado el poder, demuestra el fracaso de la gestión Cambiemos. Si Mauricio Macri hubiera hecho bien las cosas, hoy no habría Cristina que valga.

La parte de la sociedad que decidió votar por Macri no lo hizo pensando en la economía, ni unida por un amor incondicional hacia el empresario y ex jefe de Gobierno porteño: lo hizo para terminar con Cristina y con el kirchnerismo como factores de poder.

Y hoy, como le dijo el sociólogo Eduardo Fidanza a LaCapital el domingo pasado, "el misterio de lo que hará (e hizo) ya merece una serie de Netflix. Para bien o para mal, los argentinos no pueden dejar de hablar de Cristina". Cambiemos lo hizo.

"La única candidata con chances que puede presentar el peronismo es Cristina, nadie más. Los kirchneristas van a votar a Cristina o a un kirchnerista. Y con los que respaldan a Cambiemos pasa lo mismo: siempre van a votar a Macri. Es erróneo pensar que se trata sólo de núcleos duros", diagnosticó un importante funcionario y cuadro político del oficialismo ante este diario. En realidad no tienen ni desean pensar en un Plan B.

Renunciamiento histórico

Si la ex presidenta hace un renunciamiento histórico y pone el trailer kirchnerista pegado a una candidatura de Roberto Lavagna, como el resto del peronismo, la sensación será de que el partido está terminado. La mala imagen pública de Macri y del gobierno, sumada a la espiral inflacionaria y a la caída del salario, torna de cumplimiento difícil —aunque no imposible— una victoria macrista como la del 2017.

Ahora bien, ¿por qué habría de renunciar CFK a su candidatura si es la dirigente nacional con mayor intención de voto y que, aun perdiendo, quedaría con una importante cantidad de legisladores propios? Si Cristina pierde con Macri, lo haría por poca diferencia, y los legisladores nacionales se eligen en la primera vuelta, no en el ballottage.

Surge como contraplano, como ejemplo contrafáctico, un interrogante para Macri. ¿Para qué quiere seguir siendo presidente, cuando ganaría por muy poco, no tendría más reelección, debería pagar una deuda fantasmagórica y seguiría siendo el imán de un potentísimo rechazo hacia su figura? Decía Néstor Kirchner: "Poder es tener siempre una reelección a mano". Macri se queda sin esa herramienta, aun ganando. Pero podría decir: "Es el poder, estúpido".

Para alivianar el rostro del ajuste y producir un cambio adentro del cambio, empezó a crecer en algunos dirigentes de Cambiemos y del círculo rojo la idea de ir hacia un Plan V. Con María Eugenia Vidal. Si la gobernadora bonaerense reemplazara a Macri como candidata presidencial habría que barajar y dar de nuevo. Pero no sólo en Cambiemos, sino en toda la política argentina. Eso es casi imposible que suceda. "No se hagan los rulos", les manda a decir el presidente a los que le reclaman un paso al costado.

Pero hay que volver a Cristina. Con centenares de denuncias de corrupción, varios procesamientos, pedidos de desafuero y la mar en coche, la intención de voto sigue siendo firme, plana, acendrada. Al margen del melodrama que llegó envasado en formato de video, con la senadora denunciando una supuesta persecución ideológica como acicate para la enfermedad de su hija, la ex presidenta sigue partiendo en dos la lanza.

El acercamiento del cierre de listas va generando microdefiniciones. El testimonio de Cristina, con musiquita sensible de fondo, sobre su viaje a Cuba, hace creer a muchos que no será candidata. En paralelo, otros dicen que eso es un gesto respecto de la aceptación de su postulación. Lo único cierto, real y empírico es que no hay nada más movilizador para una madre que la libertad ambulatoria, y más si en eso está involucrada una hija.

Una calificadísima fuente, muy vinculada a los 12 años de gobiernos kirchneristas, le dijo a LaCapital que notó a Cristina "cambiada, más amplia y con el deseo de ensanchar las políticas de alianzas". Señaló el informante, bronceadísimo tras un verano a pleno sol: "Cómo estará con ganas de cambiar que recibió hasta a (Alejandro) Fantino".

Sin embargo, así como la "abogada exitosa" mantiene un caudal de votos interesante, experimenta un rechazo profundo, intenso y mayoritario. Y lo sabe. Sabe mejor que nadie que no podría ganar una segunda vuelta. Y esto no es opinión. Cristina perdió en 2017 contra uno de los peores candidatos de la historia de la provincia de Buenos Aires: Esteban Bullrich.

Es verdad que Cristina ha cambiado, al menos, ciertas estrategias políticas. En Santa Fe bajó de un plumazo las candidaturas kirchneristas y acordó que el espacio respalde a Omar Perotti. Ahí está todo el kirchnerismo (el rossismo y La Cámpora) trabajando para ganarle la interna a María Eugenia Bielsa. Esto demuestra que la política es el arte de lo posible y de lo que a veces parece, casi, imposible.

Tampoco nadie en su sano juicio de analista hubiera pensado que transcurridos menos de cuatro años de dejar el gobierno, en el peor de los mundos de las encuestas, Cristina volvería a clavar los tacos sin dejar de permanecer indiferente. Un país loco.

"Contra ella estábamos mejor. Era una líder populista que iba a contramano de la modernidad, y nos gustaba estar en contra. Pero Macri hizo todo mal, estamos peor que cuando Cristina se fue. Y yo lo voté con las dos manos", blanqueó un empresario textil rosarino.

El gobierno está como en la letra del tango Desencuentro: sin saber qué trole hay que tomar. La oposición tampoco parece saberlo.

 

La Capital

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